jueves, 17 de julio de 2008

'Después de lo de Troya'

El historiador griego Tucídides, en su Historia de la Guerra del Peloponeso, recurre a menudo a una misma locución para indicar el momento en el que los distintos pueblos de la Hélade se unieron para acometer algo en común, indicando con esta unión el comienzo de lo que después conoceríamos como “Grecia”.


Reconocemos entonces la importancia que este hecho tuvo para la Historia de Grecia, y asumimos que cada vez que leemos “después de lo de Troya”, Tucídides marca un antes y un después. Todo cambió “después de lo de Troya”. “Lo de Troya” fue importante.



2.500 años después de Tucídides, los logógrafos modernos no pertenecen exclusivamente al gremio del periodismo. No hay más que agudizar el oído antes de entrar en el polideportivo de Mendizorroza en las dos últimas ediciones del Festival de Jazz de Vitoria. No importa quién ofrezca el concierto, ni su currículo, su categoría, su fama, su hábil mercadotecnia… Nada de eso tiene importancia, y los logógrafos que allí aguardan lo saben, y nos recuerdan que “es que después de lo de Rollins…”, “ya, pero después de lo de Rollins…”, “qué ganas tengo de escuchar a fulanito, aunque, después de lo de Rollins…”.

Y es que hay un antes y un después del 15 de julio de 2006, ese sábado decisivo en que Sonny Rollins actuó en Mendizorroza.



Parece que la fortuna nos sonríe: quienes estuvimos allí ese día estimamos en lo mucho que vale la nueva visita del Coloso Rollins. Quienes no pudieron disfrutarlo entonces, tienen una oportunidad preciosa para comprobar por qué hay un antes y un después de Rollins.

Por ahora, tened muy en cuenta esta cita: 18 de julio de 2008. 21:00 horas. Mendizorroza.

Aún quedan entradas.



Fotografía: www.sonnyrollins.com

jueves, 10 de julio de 2008

Capítulo III. Djavan




Djavan.
Martes 8 de julio de 2008. 21:30.
Patio central de Cuartel del Conde Duque.
Lleno.


Veni, cecini, vici.
Muy esperado fue el concierto que ofreció Djavan el martes en Madrid. No es para menos: dos visitas en una década suponen a la vez reclamo y fiesta de guardar para aficionados, melómanos y curiosos.

Es difícil catalogar la obra del compositor alagoano. Podemos percibir jazz, blues, pop, bossa nova, música de cámara, rock… pero no se dejen engañar por los espejismos de la influencia, de la herencia o de la fusión.
Djavan es en sí un género musical.

Comenzó el cotarro con un tema de su último disco, Matizes, consiguiendo sembrar entre un expectante público la duda de si aquél sería un concierto de presentación de este disco o un festival biográfico. El siguiente tema, su casi himno Eu te devoro, no sólo desveló esa duda, sino que también despertó al personal y detonó, como hace 11 años en ese mismo escenario, la dinámica de abandonar poco a poco la butaca para buscar algún lugar para bailar: un escalón, una rampa o la concurrida orchestra.
El paseo continuó por Um amor puro, Seduzir y Oceano, tocando distintos discos y décadas. Para ello le acompañó un grupo de músicos bien conocidos por el aficionado djavaneano con los que cuenta para las grandes ocasiones.

Muy celebrada fue la íntima formación en trío (con Renato Fonseca al teclado y Max Viana –hijo de nuestro protagonista– y el propio Djavan con sendas guitarras) responsable de versionar las emocionantes Mar vista y Sorri.

Y si hace una década nos regaló una versión del popular tema de de Agustín Lara –un Granada que aún resuena por las paredes del Cuartel del Conde Duque–, esta vez nos homenajeó con La leyenda del tiempo, de Camarón de la isla. No en vano se reconoce Djavan como amante y admirador de España, sus ciudades, su cultura, su lengua y su música. Claro quedó.

Tras recuperar la sección de viento, formada por Josué López al saxo tenor, el trompetista Walmir Gil y François Lima al trombón, y, sobre todo, ese bajo de profundo protagonismo en el repertorio djavaneano (cuyo privilegio, más que responsabilidad, recayó en Sergio Carvalho), el escenario no sólo creció en número, sino también en ritmo. Buen ejemplo de ello fue la ejecución del blues alocado Que foi my love?, con el que consiguieron un sonido mejor incluso que el de la versión de estudio remasterizada del disco (En este caso Malásia).

A partir de ahí, Samurai, Azul (en su versión “na pista”), Jogral, Boa noite, y mucha bossa djavaneana: Para-raio, Flor de lis, Sina; todos ellos temas que nos recuerdan que tener 20 años de edad es estar sólo al comienzo de la vida.

Las apuestas sobre el bis no fallaron: la magnética Se… y la vibrante Lilàs.

Djavan es mucho músico. Mago de las armonías. Un clásico. Alguien a quien descubrir en cada repaso de cada disco.

El martes recordamos por qué en Brasil existe el verbo "djavanear".




------------------------
Djavan: voz y guitarras
Max Viana: guitarras
Renato Fonseca: teclados
Sergio Carvalho: bajo
Joao Viana: batería
Josué López: saxo
Walmir Gil: trompeta
François Lima: trombón
-----------------------

Fotografías: Nacho Arbalejo.