martes, 29 de julio de 2014

Bobby McFerrin + Noa Lur Quartet



Bobby McFerrin + Noa Lur Quartet

MadGarden Festival. 22 de julio de 2014


3/4 partes del aforo. Entre 44 y 60 euros




Cuando Noa Lur salió al escenario de MadGarden, lo primero que dijo fue que se sentía honrada de cantar en el mismo escenario que Bobby McFerrin; la tácita realidad no sólo respondía a ese honor de que ella hablaba, sino también al gran reto de contender varios frentes que ante ella y los músicos que la acompañaban se habían abierto. No es fácil llamar la atención de un público distraído en un entorno abierto y, a priori, no destinado para fines acústicos pese a su aspecto lúdico.

Pero un cuarteto con una rítmica como la que convocó Noa Lur en su concierto, con Moisés P. Sánchez al piano, Toño Miguel al contrabajo y Michael Olivera a la batería, no podía pasar en modo alguno desapercibido ni siquiera en aquellos oídos indiferentes a su entorno. Puede que reaccionaran mínimamente a la melodía familiar de Chega de Saudade, de De Moraes/Jobim, pero fue el trabajo armónico, sorprendente e inteligente de estos músicos lo que, junto con la personal voz de Lur, hizo el ejercicio del flautista de Hamelín frente a un respetable sin actitud para la lírica.

Homenajeó a Abbey Lincoln con Throw it Away, tema en el que estuvo acompañada tan solo con el contrabajo y la percusión, literalmente a cargo de las manos de Michael Olivera, que renunció a las baquetas creando así la carga personal que el tema requería.

Posiblemente el momento más íntimo del cuarteto llegó con I Remember, tema que Jorge Fontecha compuso para el primer trabajo de Noa Lur, y que en esta ocasión Moisés P. Sánchez introdujo de forma heterodoxa pero definitivamente indicada, a su modo, pero también al modo de lo que sucedía, con su estilo personal, en el que en un mismo concierto nos hace recordar a Rachmaninov y a Bill Evans sin dejar de ser él mismo en ningún momento.



Y llegó McFerrin para presentar su trabajo, SpiritYouAll, un escenario nuevo para su ecléctica y personal carrera pero profundamente familiar, incluso de manera literal, pues en gran modo se trata de una recreación y un homenaje a la música que durante gran parte de su vida le rodeó, ya que formaba parte de lo que su padre, el barítono Robert McFerrin, cantaba habitualmente en su entorno.

Ese encuentro con el folk, el blues, el bluegrass y los espirituales formó el germen de este proyecto personal y familiar de Bobby McFerrin, en el que, además, cuenta con la voz de su hija Madison, evidenciando con mayor fuerza ese pase de testigo entre generaciones y definiendo como algo precioso aquellos regalos intangibles que nos son dados por nuestros padres y que McFerrin en esta ocasión no sólo transmite a su propia descendencia, sino también a nosotros, su público. De ahí el título de su trabajo y del primer tema que presentó en MadGarden: Spirityouall.



Un concierto de Bobby McFerrin (Manhattan, 11 de marzo de 1950) es siempre una experiencia directa con un vocalista excepcional e inclasificable en cuya voz los géneros se transforman, viajando a través de sus cuatro octavas (casi cinco, de hecho). Así sucedió con su interpretación de Joshua Fit The Battle of Jericho o Fix Me Jesus –presente ya en el disco de Robert McFerrin (Arkansas, 1921 - San Luis, 2006) Deep River–, recordándonos que para él el scat es un juego de niños y se produce con la misma facilidad con la que respira.


Pero no todo lo destacable del concierto fue su principal vocalista; de hecho los seis músicos que lo acompañaron crearon junto con él una banda con un sonido sobresaliente, en la que la complicidad y el talento fueron clave para crear efectos únicos y momentos imborrables. Todos ellos (excepto Madison McFerrin, aportando su voz) fueron multiinstrumentistas; desde el viejo amigo Gil Goldstein, responsable de piano, teclado y acordeón (en ocasiones tocando dos a un tiempo) hasta David Mansfield, un auténtico hombre orquesta (por algo es conocido no sólo como intérprete sino también como compositor), que pasaba de la guitarra, al violín o al banjo sin pestañear siquiera cuando se rompía alguna cuerda. Tuvimos siete músicos sobre el escenario pero más de una docena de instrumentos (el propio McFerrin pasó al piano de Goldstein en algún momento del concierto).

David Mansfield visto
por Roberto Domínguez en
Barcelona

Los amantes de los estándar tuvimos nuestra primera –breve– recompensa con Fly Me To The Moon, introduciendo uno a uno los instrumentos y recibiendo la melodía de la cálida voz de McFerrin.


La gran sorpresa de la noche llegó cuando el vocalista convocó a un invitado especial y, tras su presentación, apareció en el escenario nuestro Jorge Pardo, flauta en mano, por supuesto. Con él interpretó una recogida versión de Can't Find My way Home.


Cualquiera que conozca a este artista sabe que el humor es inherente a él. McFerrin es un músico profundamente lúdico; forma parte de él, no es algo discutible ni exótico: su música es cálida, carga mucha emoción, es amable y alocada, es espiritual, pero siempre provoca la sonrisa y, por supuesto, la caracajada y el juego con su público. En esta ocasión, claro está, también fue así.


La diversión llegó con las versiones de Wild Thing de Chip Taylor, interpretada al más puro estilo The Troggs y, sobre todo, con la imitación (y no sólo mientras cantaba) de Elvis Presley y su Can't Help Falling in Love. Divertido y memorable.


Todas estas experiencias fueron hiladas con bastante coherencia por parte de una banda bien compenetrada y comprometida con un proyecto en el que no cupo duda alguna: el nexo común no podía ser otro que el amor, que Bobby McFerrin no sólo ubicó en el cielo, sino claramente también en la tierra.



Fotografías de Roberto Domínguez.

jueves, 17 de julio de 2014

Christian McBride Trio





Christian McBride Trio

15 de julio de 2014

Clamores. 21:30

20 euros. Lleno



Christian McBride: contrabajo

Christian Sands: piano

Rodney Green: batería



Quien se acercara la noche del 15 de julio a la Sala Clamores de Madrid a escuchar el Christian McBride Trío con el deseo de poder experimentar en directo el último trabajo discográfico del contrabajista, Out Here (Mack Avenue), se encontró con tres hechos que quiero destacar del concierto.

McBride, Sands y Green en Clamores
El primero de ellos es que de los nueve temas que componen el disco, McBride (Filadelfia, 1972) sólo quiso incluir dos en su actuación. A priori, esta circunstancia podría descorazonar a los entusiastas de Out Here, entre los que debo incluirme, pues yo misma contaba con el deseo de poder disfrutar de su enérgica Ham Hocks and Cabbage o de su emocionante revisión de My Favorite Things.

Sin embargo, finalmente no cupo lugar para la decepción pues creo que con el repertorio que presentó McBride, quedaron aún más claras sus intenciones al apostar por este trabajo en trío.

Efectivamente, trío clásico de jazz: piano, bajo y batería. Puede parecer extraño que un músico con la trayectoria de Christian McBride nunca antes hubiera liderado un trabajo con esta formación pero, como podéis imaginar, este hecho no es algo fortuito, y es posible que responda a una opción personal para evitar el desarrollo de las razonables pero numerosas comparaciones que siempre ha recibido con el contrabajista Ray Brown.


Pero el azar quiso que hace unos años dos miembros de su quinteto no pudieran presentarse a una cita y, con buen criterio, McBride tomó la decisión de no buscar sustitutos para estos músicos y llevar a cabo la actuación como trío. La primera de muchas.


Así empezó a concebir Out Here.



Dicho esto, volvamos al concierto y al primer hecho que he querido destacar: la elección del repertorio; especialmente, la opción de presentar en el concierto como únicos dos ejemplos de los temas que conforman su disco Easy Walker, de Dr Billy Taylor –compositor del tema y maestro de Christian Sands, pianista tanto en el disco como en el concierto–, y Who’s Making Love, una de las pocas oportunidades en que abandonó el jazz más clásico para optar por otros derroteros musicales, como el R&B (precisamente en esta pieza), el funky, el soul o el blues.


El resto de los temas conformaron en sí el segundo hecho sobre el que deseo llamar la atención, pues me pareció un acierto y toda una declaración de intenciones basar el programa en la interpretación de estándares en este compromiso del contrabajista con el legado musical recibido. Y es que dice McBride que su trío parece ser un anomalía en los tiempos que corren, pues escuchando a los músicos jóvenes encuentra mucha preparación musical pero no siente esa satisfacción de espíritu que antes sí encontraba. Destaca que antes los jóvenes mostraban orgullo en rendir tributo a sus maestros sin perder su propia identidad; aunque sí pudo encontrarlo en su joven pianista Christian Sands, que, desde el primer tema del concierto, Day By Day, dejó patente su swing, su piano dinámico, su dominio del bebop y, como reza líneas antes, el respeto y el conocimiento del jazz que otros le han dejado en herencia. Sands por sí mismo fue uno de los platos fuertes de la noche, y sospecho que de muchas noches en los años por venir. Al tiempo.


Tuvimos cambio de ritmo y de tempo pero no de carácter con el Povo de Freddie Hubbard, aunque sospecho que los grandes afortunados de la noche fueron (fuimos) los amantes de Monk y de Ellington, especialmente los de este último, pues, tras un Caravan en el primer pase que levantó todos los espíritus del club, nos encontramos en el segundo con una revisión de Sophisticated Lady emocionante, muy bella, narrada a partir de numerosos recursos musicales, especialmente en el contrabajo: desde el uso de armónicos hasta el cambio al arco, sin que ninguno de ellos fuera utilizado de forma inútil o frívola, sino como herramienta para transmitir de forma más nítida o sensible.


El tercer y último hecho que llamó mi atención fue la ausencia del baterista Ulysses Owens Jr. Aunque desde un principio en el cartel para el concierto estaba convocado Rodney Green, compañero y amigo de McBride, creo que para quienes conozcan a Owens –o al menos su trabajo con McBride o su huella en Out Here– esta ausencia no habrá pasado desapercibida. Por supuesto, Green estuvo a la altura; al fin y al cabo estamos hablando de grandes músicos, pero, ya sea por empatía, por compenetración o por equilibrio, esa simbiosis musical con McBride y Sands no fue tan llamativa. Existió esa máxima de mosqueteros durante el concierto y tuvimos un trío dispuesto a mostrar un swing a muerte y, aunque puede que no se cumplieran todos nuestros deseos, la realidad fue algo que superó cualquier inclinación personal, pues se rindió homenaje a tres conceptos grandes: se ofreció respeto a los grandes músicos, se celebró la gran música y se trajeron al presente los grandes tiempos, pero no como algo del pasado, sino como la música que deseábamos escuchar en ese preciso momento que llamamos ahora.




domingo, 13 de julio de 2014

Sebastián Chames Quintet. Escuchando al aedo





Sábado 12 de julio de 2014
Bogui. 22:00 horas
Aforo de asientos completo

Sebastián Chames: piano
Chris Kase: trompeta
Rafael Águila: saxo tenor
Ander García: contrabajo
Dani García: batería



Después de tres años volvía anoche a Bogui el pianista y compositor Sebastián Chames, esta vez para presentar su trabajo con Youkali Music, Reconstrucción. En el disco, grabado en formación de quinteto –la misma que anoche–, Chames convocó a Jeremy Pelt (trompeta), Justin Robinson (saxo alto), Dwayne Burno (contrabajo) y Willie Jones III (batería).


Foto: Bogui

En el concierto en Bogui el saxo alto se convirtió en tenor a manos de Rafael Águila. Completaron el quinteto Chris Kase (trompeta), Ander García (contrabajo) y Dani García (batería).


Reconstrucción, tema que da título al disco, fue la elección de Chames para comenzar el viaje que supuso su concierto; una narración onírica por momentos y a menudo festiva, llena de relatos (7 temas) que a su vez formaban uno solo, rindiendo homenaje a aquella década, la de 1960, en la que las formaciones en quinteto ofrecieron tanto y marcaron casi un género propio.


Con El Pacifista, se continuó con esa característica tan presente en este trabajo, en el que la narración es tan clara que lo musical parece rozar lo literario, pues el tema cuenta y mece, avanzando por medio de la trompeta de Chris Kase.

Retoma el protagonismo Sebastián Chames para introducir su hermosa balada Alone y la atmósfera cambia con este nuevo relato, que crea un ambiente sofisticado con base de espiritual, capaz de visitar a un tiempo el jazz contemporáneo y el sonido jungle.


Y entonces, Primero Vino un Vecino y Luego la Policía; en otras palabras, llegó el hardbop, la fiesta, el duelo y el diálogo entre el Águila y Chris Kase, y, si se me permite y se comprende en el mejor sentido de la palabra, la barbaridad.



Foto: Missingduke
Remember (R. Kendrick) fue la única composición no original de Chames; con ella pudimos seguir disfrutando del mágnifico trabajo de la rítmica, con un sonido marcado y personal en el contrabajo de Ander García y la batería todoterreno y siempre inteligente de Dani García.


Cambió el ritmo pero sin perder el lirismo con 6 Taboos, y se celebró el blues con Bluesy Tune for The King.


La despedida cerró el círculo con D&B Aislados, que nos trajo de vuelta al ahora, revisando tendencias más actuales, perfectas para este quinteto acústico, capaz de viajar por géneros, visitar diversos momentos musicales y crear armonías creativas y hermosas como pez en el agua.