jueves, 20 de noviembre de 2014

Introducción al Estándar de Jazz



Cuando una pieza musical toma notoriedad entre los músicos y es reproducida a lo largo del tiempo desde diversas aproximaciones para terminar formando parte del acervo jazzístico de forma espontánea y convertirse en una referencia musical, decimos que nos encontramos ante un estándar.

Ilustración de Missingduke gracias a Canva.
Muchas de las partituras que terminan formando parte de este repertorio habitual que denominamos estándares provienen de lo que conocemos como el Great American Songbook: el conjunto de composiciones más relevante de EE UU, generalmente provenientes de musicales de Broadway, de la industria cinematográfica de Hollywood y del fértil ingenio de los músicos tanto de jazz como de canción popular de la primera mitad del siglo XX (y, por tanto, del Tin Pan Alley), pero el origen de un estándar no sigue una norma estricta y por ello pueden encontrarse ejemplos con orígenes geográficos y culturales muy distintos
Así sucede con temas de bossa nova (Insensatez), música europea (como la canción Les Feuilles Mortes —comúnmente conocida como Autumn Leaves—, cuyo autor es de origen franco-húngaro) o la banda sonora de películas no pertenecientes al género musical, como por ejemplo La Calle del Delfín Verde, en cuyo tema principal captó potencial Miles Davis durante una reposición de la película 10 años después de su estreno.

No es por tanto necesario que los títulos hayan sido compuestos a priori como un tema de jazz para llegar a convertirse en estándares. Los Ghetto Swingers tomaron el tema Someday my Prince Will Come de la versión de Walt Disney de Blancanieves y los Siete Enanitos (1937), y de esta elección recogieron después el testigo músicos como Dave Brubeck, Miles Davis, Bill Evans, Oscar Peterson o Herbie Hancock. En algún punto ubicado entre estas selecciones, revisiones e improvisaciones, el tema pasó a considerarse un estándar.

Para alcanzar este estatus y trascender la categoría de canción popular, se cumplirán siempre varias características, como la atemporalidad, la notoriedad de la pieza o la interpretación del tema desde diferentes aproximaciones (especialmente aquellas que resulten atractivas al músico y le inciten a su reproducción e improvisación, bien sea por su belleza melódica, su originalidad rítmica o sus peculiaridades armónicas, sin olvidar su inclinación por la capacidad de crear atmósferas o invocar sentimientos, en los que en muchas ocasiones el papel del trabajo del letrista en una canción tiene un peso injustamente obviado). 


Cyrus Chestnut revisa Chelsey Bridge
 y Giants Steps en Midnight Melodies.
Tomemos como ejemplo Chelsey Bridge, tema compuesto por Billy Strayhorn en el año 1941. 
Existen numerosos ejemplos interpretativos en torno a esta partitura por parte de músicos como Ben Webster, Wynton Marsalis, Keith JarrettLew Tabackin, Joe Henderson o +Tony Bennett, lo que refuerza la idea del tema como referente y demuestra el interés de músicos —y su renombre ante el público— a lo largo del tiempo, pero también en la actualidad, pues Chelsey Bridge aparece publicado este mismo año en el disco Midnight Melodies de Cyrus Chesnut (Smoke Sessions Records). 


Otros ejemplos de estándares grabados en trabajos publicados durante los últimos 12 meses son My Ship (David Hazeltine - For All We Know), Caravan +Cyrille Aimée - It's a Good Day), Body and Soul (Charlie Haden/Jim Hall), How High The Moon ( +Orrin Evans Liberation Blues), Sweet and Lovely (Peter Bernstein Trio - Ramshakle Serenade) o Lush Life (Louis Hayes - Return Of The Jazz Communicators); sin olvidar los doce temas del disco de +Ángela Cervantes y +Chema Saiz  Recordando a Ella Fitzerald & Joe Pass o el trabajo de +Tony Bennett y Lady Gaga Cheek to Cheek, también de una selección de estándares en su totalidad.


El número exacto de los temas que compondrían una lista de los estándares de jazz no será nunca definitivo pues las piezas van incorporándose de forma natural y respondiendo a una frecuencia instintiva y espontánea. Además, mientras que existe un consenso en la inclusión de varias centenas de temas en este proyecto de lista, no siempre se encuentra conformidad para reconocer una pertenencia clara de otros títulos en ese lugar común, pero lo cierto es que el punto de vista de los individuos sobre la incorporación o descarte de una composición para ser considerada un estándar, finalmente será resuelta de forma espontánea por su utilización a lo largo del tiempo.

En esta aproximación y revisión de los estándares que nos proponemos comenzar hoy queremos acercar las peculiaridades de los títulos desde un punto de vista que no solo comprenda la perspectiva musical de las versiones más destacables (o menos afortunadas) sino que preste especial atención al mensaje de la composición, a su letra, su contexto y las circunstancias de su autor. 

Un estándar de jazz es un gran mensaje. En ocasiones se sabe descifrar; en otras se intuye, a veces se fracasa. Y casi siempre obsesiona.


lunes, 10 de noviembre de 2014

'When Lights Are Low'. El jazz visto por Esther Cidoncha





Posiblemente, dos fueron los hechos biográficos que llevaron a Esther Cidoncha a acabar teniendo una irrevocable relación íntima con el jazz.

Portada de When Lights Are Low, con Christian Scott
El primero de ellos es la revelación que sintió al escuchar por vez primera en su adolescencia un sonido que nada tenía que ver con la música de autor a que estaba acostumbrada en su entorno.

Aquello, llamado jazz, creó en ella tal sentido de la identidad que nunca más volvió a abandonarlo.


El segundo de estos hechos se aproximó a través de un vehículo diferente: el de la fotografía. Su interés por la obra de figuras como Cartier-Bresson o Bill Brandt la llevaron a conocer el trabajo de otros fotógrafos cuyas instantáneas se centraban en el mundo del jazz. 

William Claxton fue una de las piezas de este engranaje de circunstancias que llevaron a Esther Cidoncha a empezar a experimentar con un cámara hacia la década de 1990.


Esta afición pronto empezó a tomar forma de obsesión porque, finalmente, en palabras de Esther, "es tu reto"


Cuenta que la fotografía le recuerda al jazz "porque cuando todo comenzó no había escuelas; los músicos practicaban horas y horas buscando su sonido". 
Ella sintió algo parecido en el trabajo por encontrar el matiz adecuado para cada imagen: "Ahora tienes Photoshop, pero entonces para crear esos matices recurría al papel."


Ya con un propósito claro, Esther Cidoncha decidió enfocar su vida y su cámara en lo que sucedía durante las actuaciones de jazz. Comprendió bien que la improvisación es algo único que sólo existe durante un instante, y quiso aceptar el reto de plasmarlo en una imagen. 
Esta búsqueda por conseguir retratar al músico como vehículo de ese trance musical y vital que es la improvisación la llevó a tomar fotografías por toda suerte de teatros, clubes, festivales y antros a lo largo de varios países.


Un paseo por esta vida de instantáneas es el corazón de lo que encontraremos en When Lights Are Low: un catálogo que muestra parte de lo que el jazz ha sido en las últimas dos décadas, y, a la vez, un plano secuencia de la evolución en la fotografía de Esther Cidoncha, donde por medio de sus imágenes se narran sus primeras pruebas, su experimentación, su paso de lo analógico a lo digital y la cimentación de su estilo.


Este estilo, tan reconocible hoy en su fotografía, marca el título del libro, pues en sus cuatro palabras se define la presencia de un lugar íntimo, en su mayoría clubes sin apenas iluminación, la ausencia de flash en su cámara y el ajuste de una sensibilidad ISO muy alta para conseguir estas piezas en blanco y negro que quieren atestiguar un momento y trascender hacia la sinestesia para conseguir convertir el sonido en imagen.






When Lights Are Low. Retratos de Jazz

Textos de Wadada Leo Smith, Antonio Muñoz Molina, Chema García Martínez y José María Díaz-Maroto.

Editado por La Fábrica. 24 x 27 cm. 232 páginas (cartoné con camisa).

ISBN: 978-84-15691-95-2




lunes, 3 de noviembre de 2014

¿Es incompatible la radiofórmula con la calidad musical?



Hace unos días tuve que pasar varias horas en la sala de un edificio público en el que sonaba una radio. Reconozco que no recurro habitualmente a este medio; básicamente por la programación que se emite en España y porque, generalmente, mi dinámica suele consistir en ir cambiando el dial desesperadamente para acabar por apagar el aparato, con excepciones a las que acudo cuando el horario de emisión de esos programas es compatible con la vida en la Tierra.

Por estas razones, mi relación más habitual con la radio son los podcast. 

Pero en aquella ocasión no estaba en mi mano elegir qué se emitía. De modo que allí me encontraba, escuchando una emisora de lo que se denomina música comercial —un título muy certero y con todo pudor superado, por cierto— y rodeada de personas que parecían disfrutar algo que, por momentos, se me iba haciendo difícil. Confieso que mi primera reacción fue algo cercano al pánico: ni quería ni podía seguir escuchando aquello. Gradualmente fue ganando mi atención el hecho de que en mi entorno no había ni disgusto ni resignación respecto a aquel mantra de música lineal. 

Quien tenga interés por géneros no considerados comerciales sabe perfectamente a qué me refiero: no fue en modo alguno una revelación, sino una causa de reflexión; al fin y al cabo la pieza fuera del engranaje era claramente yo. Y engranaje es, claro está, la primera conclusión evidente a la que se llega: nada nuevo bajo el sol. No tengo interés en explicar o analizar por qué se elige lo que se emite en la radiofórmula (emisoras con un modelo de programación monotemático); ya sabemos todos que las motivaciones no son musicales, con lo cual estoy convencida de que otras plataformas de diferente temática a la de este blog -mercadotecnia, economía o publicidad- lo interpretarán con mayor rigor del que yo sería capaz. 
Sí recordé este artículo de Music.Mic, en el que hace semanas se reconocía que, como reza el título del texto, "La industria musical está literalmente lavándote el cerebro para que te gusten canciones de pop malas" [en inglés]. 


Autor: SadieMae en Deviantart
Lo que me encontré preguntándome fue si no habría lugar en estas emisoras para música que trascendiera una melodía fácil y una base rítmica lineal, ignorando en este planteamiento las verdaderas razones de por qué un tema llega realmente a ser elegido por estas plataformas. 

Si hemos de basarnos en méritos musicales y exigencias de los oyentes, ¿podría recurrirse a una música más completa (musicalmente hablando)? 



¿Qué busca la audiencia de una emisora comercial?


Parto de la base de que el oyente de radiofórmula no se sentirá atraído por ningún programa con la palabra jazz en el título, ya sea por convicción, por prejuicio, por miedo o por, sencillamente, claridad en sus gustos. Buscará, por tanto, una programación en la que la música no sea sinónimo de complejo, dando prioridad, como hemos apuntado anteriormente, a la melodía. ¿Deja esto fuera a una música más elaborada? En absoluto. 

La melodía es imprescindible en cualquier tema de cualquier género; sin melodía no existe nada: es la espina dorsal de cualquier composición. Habrá diferentes modos de estructurarla más o menos afines a cada género musical, pero siempre estará presente. 

Entiendo que, en la audiencia que nos ocupa, la melodía ha de estar presente continuamente y ser fácilmente reproducible al poco de escucharla. ¿Es esto incompatible con un trabajo armónico y rítmico más elaborado? No lo es.

Para respetar una cierta equidad —y un límite justo de maniobra— en los ejemplos a los que he recurrido, sólo compartiré temas de álbumes editados en 2014. 

Uno de estos trabajos que ofrecen una melodía clara sin perder una interpretación personal (de Gretchen Parlato en este caso), apoyada en una sección rítmica creativa y bien ensamblada es You're Still The One, del disco de Otis Brown III The Thought Of You.





Si existe la necesidad de alternar distintas atmósferas anímicas, podemos entonces recurrir a It's A Good Day, el disco que ha publicado este año Cyrille Aimée:







¿Sería recomendable retomar temas míticos con los que ya se esté familiarizado? ¿Qué tal Off The Wall, de Michael Jackson?






Siendo realistas con las emisoras de música comercial



La otra cara de la moneda es el emisor de esta música, o, dicho de otro modo, quien elige la música para quien ha elegido su emisora.

Las motivaciones, claro está, no tienen mucho que ver con las que mueven a quien selecciona ese dial para pasar su tiempo. Como se ha comentado antes, no corresponde ni interesa a esta bitácora ahondar en el funcionamiento de esta industria, pero sigue existiendo el propósito de saber si habría lugar en ella para una programación mejor basándonos en factores objetivos desde el punto de vista musical —aunque extienda éste levemente a otros campos más relacionados con la mercadotecnia en este apartado—.

Si obviamos estas pautas musicales que revisamos en relación con lo que busca el oyente y nos situamos en un terreno más cercano al pragmatismo de un ente de difusión y promoción como es la radio, quizá sería lógico recurrir a los nombres habituales en el medio.
¿Es difícil encontrar esta curiosidad por una música más sofisticada en músicos mundialmente conocidos? No lo es.

Un ejemplo de ello es el single del próximo trabajo de David Bowie, Sue (or In A Season Of Crime), grabado con la big band de María Schneider:






Si el efecto resulta demasiado futurista, ¿necesita esta musica estar muy acotada a unos cánones que se creen —pese a no ser— indicativos de una época específica? Es decir, una vez superadas las razones de estilo ya explicadas, ¿debe la música comercial sonar a, digamos, un tipo de siglo XXI concreto? 
Pero el pop permite una constante revisión de la década de los ochenta, ¿por qué no hacerlo con épocas anteriores? ¿Parece demasiado forzado? No lo es: Amy Winehouse lo hizo con el soul de influencia de los sesenta en Back to Black y reinó en la radiofórmula.

Podría pensarse que una diva que hace un éxito de un trabajo con reminiscencias del siglo pasado es una excepción, pero no es cierto. De hecho, una estrella del llamado star-system se ha aventurado más allá en el tiempo y en el estilo y ha publicado un disco de estándares de jazz. 
¿Alguien poco conocido o una vieja gloria? En absoluto, es Lady Gaga, cuyo trabajo a dúo con Tony Bennett se compone en su totalidad de estos clásicos del jazz.







Talento, trabajo y versatilidad pueden encontrarse en todos los géneros, y por ello he querido acercar esta selección espontánea de música que está a nuestro alcance y que, creo, cumple las premisas de aquellos que recurren habitualmente a la música comercial y que suelen evitar composiciones que llevan cualquier otra etiqueta.

Se puede y se debe hacer jazz melódico. Seremos nosotros quienes seleccionemos de qué repisa queremos tomarlo, pero él, por su naturaleza versátil y creadora, tiene la potestad de estar en todas partes.

Es un sombrero capaz de cubrir varias cabezas, ya sean éstas antros o teatros, orquestas sinfónicas o la radiofórmula. Sólo hay que dejarlo sonar.





domingo, 2 de noviembre de 2014

JazzMadrid14. Lamiéndonos las heridas en el Festival de Jazz de Madrid



Tras dos años de agonía y uno de duelo, parece que este otoño vuelve a la vida, aunque tímidamente, un festival de jazz para Madrid.

El Ayuntamiento de Madrid ha presentado JazzMadrid14: considerado como el trigésimo Festival Internacional de Jazz de nuestra ciudad, que tendrá lugar entre el 4 y el 26 de noviembre.



En esta presentación, la alcaldesa de Madrid declara:

 Desde siempre, en Madrid se puede vivir el mejor jazz del mundo. Nuestra ciudad cuenta con músicos y grupos propios, y con salas de jazz de nombre ya histórico que, junto a otras más recientes, han apostado por acercar esta música a los espectadores.
Pero ese "desde siempre" no recae en modo alguno en actuaciones de esta administración, pues es responsabilidad directa del ayuntamiento retirar las subvenciones al festival hace tres años y acabar con él en 2013.


Para el Ayuntamiento de Madrid es una gran satisfacción promover un Festival Internacional de Jazz de este nivel (...)


Para promoverlo son necesarios dos principios que el ayuntamiento no ha tomado. En primer lugar, una verdadera implicación con la realidad del jazz en Madrid, que necesita ciertamente el apoyo de sus instituciones. ¿Qué sentido tiene presumir de convocar a figuras extranjeras de renombre cuando maltratamos a nuestra propia familia? No existe coherencia posible en afirmar que En las salas madrileñas se puede disfrutar de grandes figuras internacionales junto a las estrellas nacionales del jazz (...) mientras se desampara a dos de los bastiones históricos del jazz en Madrid: el +Club de Música y Jazz San Juan Evangelista (nuestro Johnny), víctima desde la barrera de una trama de concesiones y subcontrataciones, y el +Cafe Central, en los últimos dos meses de cuenta atrás si continúa desprotegido frente a su inminente cierre.

El segundo de estos principios tiene mucho que ver con esto último; se trata de un apoyo tanto institucional como económico. El primero queda patente en esos dos ejemplos; el económico es evidente en todos los demás. Presentar Jazz Con Sabor A Club como muestra del apoyo del festival a los clubes pero que esas ayudas no logren cubrir los gastos de un solo concierto es una realidad que retrata con mucha claridad el suelo que pisamos.

Llama también la atención lo siguiente:

Es nuestro compromiso hacer que los madrileños y quienes nos visitan hagan suyos los espacios culturales municipales (...)

Pero, en ese compromiso, se dejó sin sede al Festival de Jazz de Madrid con la privatización del que fue su verdadera ágora: el Teatro Fernando Fernán Gómez (anterior C. C. de la Villa).

Ese papel recae ahora en las instalaciones del Centro Cultural Conde Duque, en el que se podrá disfrutar de gran parte de los conciertos y de todos los debates. También allí se proyectarán las dos películas programadas: Bird y Round Midnight, en su enésima reproducción en esta plaza; es cierto que son dos títulos míticos pero es una lástima que se recurra a ellos ignorando los más que destacables trabajos que en la actualidad el séptimo arte dedica al jazz a nivel internacional (desde películas que están ahora en cartelera hasta el cine documental en trabajos como Keep on Keepin' On, o, con más sentido que ninguna otra obra, el documental Café Central. 30 años de jazz).


Ésta es la programación de los conciertos:

Martes, 4 de noviembre
ZAKIR HUSSAIN
Auditorio Conde Duque – 20:00 horas
Entradas: 20 € / Reducidas: 18 €

Miércoles, 5 de noviembre
MILAN SVOBODA
Auditorio Conde Duque – 20:00 horas
Entradas: 10 € / Reducidas: 8 €

Concierto organizado por: Centro Checo
Miércoles, 5 de noviembre
JAMES BRANDON LEWIS
Sala Clamores – 22:00 horas
Entradas: 10 € anticipada / 15 € taquilla

Jueves, 6 de noviembre
JORGE PARDO
Auditorio Conde Duque – 20:00 horas
Entradas: 20 € / Reducidas: 18 €

Viernes, 7 de noviembre
ROMANO, SCLAVIS, TEXIER
Auditorio Conde Duque – 20:00 horas
Entradas: 20 € / Reducidas: 18 €

Sábado, 8 de noviembre
JAVI BAYO (DJ) + BRUNO GALINDO (SPOKEN WORD)
¡ZAS! TRÍO
Auditorio de Música – CentroCentro Cibeles de Cultura y Ciudadanía – 20:00 horas
Entradas: 6 €
Concierto organizado por: CentroCentro Cibeles de Cultura y Ciudadanía

Martes, 11 de noviembre
RICHARD GALLIANO
“TRIBUTE TO NINO ROTA”
Auditorio Conde Duque – 20:00 horas
Entradas: 20 € / Reducidas: 18 €

Miércoles, 12 de noviembre
MEDESKI, SCOFIELD, MARTIN & WOOD
Auditorio Conde Duque – 20:00 horas
Entradas: 20 € / Reducidas: 18 €

Jueves, 13 de noviembre
CHANO DOMINGUEZ & NIÑO JOSELE
Auditorio Conde Duque – 20:00 horas
Entradas: 30 € / Reducidas: 25 €

Viernes, 14 de noviembre
CHANO DOMÍNGUEZ Y NIÑO JOSELE
Auditorio Conde Duque – 20:00 horas
Entradas: 30 € / Reducidas: 25 €

Sábado, 15 de noviembre
AL DI MEOLA
Auditorio Conde Duque – 20:00 horas
Entradas: 20 € / Reducidas: 18 €

Lunes, 17 de noviembre
CLUB RESERVA 1925 JAZZ BAND
Auditorio Conde Duque – 20:00 horas
Entrada libre hasta completar aforo
Concierto organizado por: Cervezas Alhambra

Martes, 18 de noviembre
ALEXIS DELGADO & IÑAKI SALVADOR
“JOHANN SEBASTIAN JAZZ”
Auditorio Conde Duque – 20:00 horas
Entradas: 20 € / Reducidas: 18 €

Miércoles, 19 de noviembre (programa doble)
SEBASTIÁN CHAMES
JOSÉ LUIS MONTÓN “TIRITIJAZZ”
Centro Cultural Galileo – 19:00 horas
Entrada libre hasta completar aforo
Concierto organizado por: Centro Cultural Galileo. Junta Municipal de Chamberí

Miércoles, 19 de noviembre
KEN VANDERMARK
Rock Palace – 21:30 horas
Entradas: 12€ anticipada / 13€ taquilla

Jueves, 20 de noviembre
HOMENAJE A JAVIER DE CAMBRA
RANDY WESTON
JORGE PARDO, JAVIER COLINA y JOSEMI CARMONA
DJ FLORO y DJ BOMBIN
Círculo de Bellas Artes – 20:30 horas
Entradas: Entradas: 9 € 
Concierto organizado por: Círculo de Bellas Artes

Viernes, 21 de noviembre
MÚSICA CREATIVA
Auditorio Conde Duque – 20:00 horas
Entrada libre hasta completar aforo

Sábado, 22 de noviembre
AMANIEL BIG BAND
CONSERVATORIO DE AMANIEL
Auditorio Conde Duque – 20:00 horas
Entrada libre hasta completar aforo

Lunes, 24 de noviembre
HOMENAJE A LARRY MARTIN
Auditorio Conde Duque – 20:00 horas
Entradas: 10 € / Reducidas: 8 €

Martes, 25 de noviembre
O’SISTER!
Auditorio Conde Duque – 20:00 horas
Entradas: 20 € / Reducidas: 18 €

Miércoles, 26 de noviembre
DEE DEE BRIDGEWATER
Auditorio Conde Duque – 20:00 horas

Entradas: 20 € / Reducidas: 18 €


Disfrutémoslo. Cuidémoslo. Veámonos de nuevo el año próximo.