miércoles, 22 de abril de 2015

Estándares de jazz: 6. 'You Go To My Head'








Existía una cierta inevitabilidad en que el compositor J. Fred Coots (1897 - 1985) y el letrista “Haven” Gillespie (1888 - 1975) acabaran formando un tándem profesional en el negocio de la música. Ambos habían forjado su carrera en el Tip Pan Alley tras desarrollar su pericia en vodeviles y musicales de Broadway.


Coots ha sido a menudo descrito como un compositor competente o correcto; en ocasiones —y sin equidad— como compositor de un solo éxito, cuando en realidad su tema más conocido no es en absoluto ni su composición más elaborada ni mucho menos la más inspiradora. Se trata de Santa Claus is coming to town, uno de los temas más rentables del siglo XX. Es autor de otra pieza bien conocido en el mundo del jazz: For All We Know (1934).


En cuanto al letrista de nuestro estándar, es sin duda definitiva su precocidad e intensidad en dos de sus naturalezas más vitales —y por tanto biográficas—: la pasión por su joven esposa Corene Parker y la adicción al alcohol que marcó su vida.





Es difícil encontrar otro ejemplo tan sensual y convincente de embeberse en una persona o sentirse ebrio por un sentimiento como el que describe el estándar que hoy nos ocupa.

En You go to my head (Te me subes a la cabeza) confluye además el placer irreflexivo del deseo con la yerma realidad de una pasión no correspondida, que Coots refleja alternando la tonalidad y creando ese efecto de irrealidad, incertidumbre y embriaguez que el tema transmite a su vez con la letra de Gillespie. Casi podría referirse a los versos del tema como al canto de una bacante, no sólo intoxicada por las sustancias, sino especialmente desenfrenada en sus emociones. Y es que si hay tres temáticas a las que el ser humano ha dedicado sus obras en los últimos 4.000 años ésas son la deidad, el amor y el vino; y es posible que el hecho de encontrar dos de ellas en la letra de este estándar sea la principal razón que marca su atemporalidad y su naturaleza humana.


Con total intencionalidad, Gillespie sabe que ha de embriagarnos primero y acalorarnos después para que así, aunque la circunstancia del desamor nos venza, nos encuentre al menos en un estado de irrealidad provocado por nuestra fascinación romántica y por el empeño de aferrarse al hechizo. Tanto es así que en las dos primeras estrofas se nos habrá servido tres bebidas espirituosas, siendo la primera, claro está, el champán, cuyas burbujas se nos subirán a la cabeza del modo en que lo hace el pensamiento o la mención de aquel a quien deseamos; y así lo dice Haven Gillespie en la letra de la canción.

Será en este estado de embriaguez de alcohol y anhelos cuando inevitablemente la temperatura ascenderá como "un verano con mil julios" con sólo recordar una mirada de la persona deseada; y en ese rubor, en esa concentración de sensaciones, llegará el golpe de gracia del amor no correspondido y acaso inconfeso.

Esta alternancia entre desmesura y sugerencia es posiblemente lo que ha atraído a artistas de diversos géneros musicales, responsables de versiones que comprenden desde el ritmo de bolero hasta la bossa pasando por el hardbop o la reiterada y pública debilidad del músico de rock Rod Stewart por este tema (que otros vocalistas de rock y pop adoptaron andando el tiempo, como Bryan Ferry o Michael Bolton entre otros), sin olvidar que se considera un estándar no sólo de jazz sino, como acabamos de perfilar, también de pop (tal fue su origen).


Puede además escucharse en varias películas, incluyendo el filme de Otto Preminger que trajo a la vida otro mítico estándar: Laura. Las actrices Marlene Dietrich o Judy Garland también interpretaron el tema en varias ocasiones. 






Bea Wain con la orquesta de Larry Clinton fue una de las primeras voces en convertir la pieza en un éxito en el año 1938.




Uno de los artistas que supo interpretar You go to my head trascendiendo las notas fue Harry James que, ya fuera en versiones instrumentales o acompañando a vocalistas, decidió insuflarle un aire dipsomaníaco a su trompeta y, de paso, al resto de la orquesta.




Parecida atmósfera consigue recrear Stan Kenton en su versión para big band.




Sorprende la interpretación a tempo lento de Louis Armstrong con Oscar Peterson porque si bien nos es más que conocida la dulzura de Armstrong en sus interpretaciones no lo es tanto encontrarlo en un espíritu tan melancólico como con el que protagoniza esta balada.

Esta melancolía inherente al tema ha dado como resultado decenas de versiones con un aire más largo que lento para sobreesfuerzo del metrónomo, de la audiencia y de la sección rítmica, aunque con puntuales aciertos en determinadas versiones.

Afortunadamente, el enfoque de los hardboppers aportó al tema energía en el ritmo y esperanza en el fondo, con lo que la lectura del estándar se transformó a lo largo de las interpretaciones musicales durante las últimas cinco décadas. Sorprendentemente, uno de los primeros visionarios en un enfoque enérgico del tema fue el pianista Bill Evans, que había convocado a Freddy Hubbard, Jim Hall, Percy Heath y Phillly Joe Jones en 1962 para crear su disco Interplay. Esta revisión refrescante —y sin embargo cálida— marcó una forma rompedora y francamente válida de interpretar el tema del tándem Coots-Gillespie, hasta tal punto que su estela sigue intacta en la actualidad, como ejemplifica el quinteto de Joe Magnarelli en su disco Lookin’ Up (2014).







También es posible encontrar versiones más intelectuales que pasionales, como en el caso del Anthony Braxton Quartet, aunque será en reducidas ocasiones.

Una de las pocas interpretaciones con un solo instrumento ha de recaer, cómo no, en Teddy Wilson, máxime cuando You go to my head podría ser considerada un himno tanto para él como para su orquesta (sin olvidar su versión en trío). 




Art Tatum también creó una versión sofisticada y virtuosista con la única voz de su piano.





El triunvirato del piano solo lo completa Tete Montoliu con esta interpretación del año 1971 para su disco That's All:






Son por tanto versiones destacadas las ya mencionadas del Bill Evans Quintet, Harry James, Tommy Flanagan Trio o Stan Kenton & His Orchestra.




Son sin duda recomendadas las interpretaciones del Art Pepper Quartet, Art Tatum, Barney Kessel Trio, Bud Powell, el quinteto de Coleman Hawkins, Dave Brubeck Quartet, Don Byas, Gene Ammons, Joe Magnarelli, la orquesta de Kurt Edelhagen, Lee Konitz Quartet, Lee Morgan Quintet (1966), Lennie Tristano (con Lee Konitz), Oscar Peterson Trio (1952), Shirley Horn Quartet (1995), Teddy Wilson Trio, Tete Montoliu y Stan Getz Quartet.














Existe también una interpretación interesante del dúo de Stephane Grappelli.



En cuanto a las numerosas versiones vocales de You go to my head, probablemente la interpretación de Billie Holiday sea por condición y lance la más remarcable. Aunque no será sólo ella quien forme parte de las versiones destacadas, pues Ella Fitzgerald supo, en su trabajo junto con Joe Pass, interpretar ese estado de embriaguez y sensualidad que exige el tema. Destacan también las interpretaciones de Dinnah Washington, Ginny Simms, Kenny Sargent bajo la dirección de Glen Gray & His Casa Loma Orchestra, y Louis Armstrong con Oscar Peterson Trio (1957) (el trío había interpretado su propia versión en 1952).











Son recomendadas las versiones de Dolores Gray, Chet Baker con Paul Bley, Chick Henderson con Joe Loss & His Band, Frank Sinatra, Ginny Simms, Helen Forrest, Linda Ronstadt con la orquesta de Nelson Riddle, Nan Wynn con la orquesta de Teddy Wilson, Rachael Price, Sarah Vaughan y Tony Bennett.






Resultan de interés las interpretaciones de Betty Carter, Bing Crosby, Carlotta Dale con la orquesta de Jan Savitt, Viktor Lazlo, Dianne Reeves o Johnny Hartman con Dizzy Gillespie, así como la versión a dúo entre Lauren Desberg y Gretchen Parlato publicada en el disco Sideways (2012).






Pero si existe una versión realista de You go to my head ésa es esta grabación del improvisado dúo de Billie Holiday y Hellen Merrill durante una fiesta en el apartamento de Leonard Feather en 1956. En ninguna otra interpretación el verso “You intoxicate my soul” será tan flagrantemente llevado a sus extremos como en esta rara grabación privada de este tema que Lady Day supo interpretar siempre con una probidad difícil de encontrar en otros intérpretes.













martes, 7 de abril de 2015

Abril, mes del jazz




Abril es el mes del jazz. Entiéndase: oficialmente hablando. Durante las próximas jornadas se calendarán eventos e iniciativas de carácter especialmente divulgativo para atraer la atención general sobre esta música.


International Jazz Day 

(#jazzday)




En 2011 la UNESCO designó el 30 de abril como Día Internacional del Jazz para celebrar su “papel diplomático en unir personas a lo largo del planeta” con el apoyo del Thelonious Monk Institute of Jazz y Herbie Hancock en el papel de embajador de la iniciativa. Cada año se elige una sede diferente como centro neurálgico de los diferentes eventos que tendrán lugar ese día a lo largo del planeta. Dichos eventos pueden ser consultados con antelación aquí. Por supuesto, entre ellos se encuentran los que tendrán lugar en España, con una muestra prácticamente testimonial.


El espectáculo “estrella” de la efeméride consistirá en el macroconcierto en el que actuarán algunas de las figuras más conocidas del jazz. Este año el acontecimiento tendrá lugar en la sede de la UNESCO en París y será retransmitida en directo desde JazzDay.com

Para abrir boca, el 10 de abril se volverá a transmitir el concierto que tuvo lugar durante el primer Día Internacional del Jazz:





Jazz Appreciation Month 







El Mes de Reconocimiento del Jazz (Jazz Appreciation Month) es una iniciativa creada por el Museo Nacional de Historia Americana en el año 2002 para celebrar no sólo el gran valor de la Historia del jazz como herencia musical sino también el presente de este género. Este movimiento pronto fue asimilado por otras instituciones que supieron valorar la visión que Smithsonian tuvo de enfocar este movimiento en la actividad divulgativa y musical de cada una de las escenas jazzísticas locales, apostando por la música en vivo, la educación para públicos de todas las edades y la atención institucional a nivel comunitario.

La familia del fotógrafo Duncan Schiedt ha elegido este mes para donar más de 12.000 instantáneas tanto de su autoría como de la colección de fotografías históricas que adquirió a lo largo de su vida. Se trata de una de las colecciones fotográficas más importantes de la historia del jazz.

A su vez la Fundación LeRoy Neiman ha donado 2,5 millones de dólares; también ha cedido uno de los trabajos favoritos del propio Neiman (icónico en su carrera): “Big Band”, un ciclópeo mural con los 18 músicos que conformarían la orquesta de jazz ideal de Neiman.


"Big Band", donación de la LeRoy Neiman Foundation






U S Conference of Mayors


Uno de los apoyos institucionales que se consiguió a partir del movimiento Jazz Appreciation Month fue el que ofreció la Conferencia de Alcaldes de EE UU con la creación de un manifiesto en el que se comprometen a promover y participar en las actividades relacionadas con el Día Internacional del Jazz y el Mes de Reconocimiento del Jazz, y a involucrarse con la comunidad jazzística local en cada una de sus ciudades para participar, proclamar y celebrar el jazz.


JazzApril 

(#jazzapril)








Así denomina la Asociación de Periodistas de Jazz (Jazz Journalists Association) el movimiento de apoyo a la UNESCO, U. S. Conference of Mayors y Smithsonian, con propuestas muy enfocadas en el uso de estos conceptos en redes sociales, como logos y ribbons.

Recientemente, como motivo de la celebración de este JazzApril, la JJA ha anunciado a sus jazz heroes (héroes del jazz) del año: individuos que por su implicación con la escena del jazz en sus comunidades han sido nominados y finalmente premiados con este reconocimiento.



“Take 5”. Jazz Education Network (JEN) y Thelonious Monk Institute of Jazz (TMIJ)


Tomando como referente el título del tema de Paul Desmond, con Take 5 se propone a profesores de cualquier disciplina que el día 30 de abril dediquen al menos cinco minutos a escuchar jazz en sus clases, compartiendo las lecciones y creando debate en torno a las múltiples lecciones y enfoques que esta música pueda inspirar en los alumnos. Esta iniciativa de dedicar unos minutos al jazz en los espacios educativos de EE UU resulta un gran ejemplo de cómo cuidar un patrimonio cultural involucrando a los mayores interesados en recibirlo.