sábado, 15 de octubre de 2016

Terry Gibbs: Más swing, por favor






En Terry Gibbs no encontramos sólo un compositor e intérprete único sino también, en términos de jazz, lo mejor de dos mundos. Y es que pese a que su verdadero nombre pueda despistar, Julius Gubenko es neoyorquino de pura cepa. En su ciudad, tras una niñez ya inquieta por la percusión, su talento al vibráfono fue pronto reconocido —y reclutado— por músicos como Tommy Dorsey, Woody Herman o Benny Goodman, pero a finales de la década de 1950 se asentó en la costa oeste, de modo que con el bop en la mochila encontró que Los Ángeles le esperaba con el abrazo del sonido west coast.

Pese a que las agrupaciones y discografía de Gibbs son no sólo numerosas sino también lo suficientemente destacables como para detenernos a disfrutarlas, es imposible no sentir debilidad y entusiasmo por la big band que lideró al poco de su llegada a California, y que terminó siendo bautizada Terry Gibbs Dream Band.


La Dream Band en el club Seville en 1959 (Fuente: terrygibbs.net)


Y es que, efectivamente, aquello fue una orquesta de ensueño. Por si no fuera suficiente con contar con músicos como Mel Lewis, Al Porcino, Conte Candoli, Bob Enevoldsen o Frank Rosolino, Gibbs extendió ese ensueño de su banda a unos arreglistas de incalculables quilates, como Bill Holman, Bob Brookmeyer, Al Cohn o Marty Paich.







La Dream Band marcó una época y una forma de hacer música, con su swing a muerte y su tempo vertiginoso, una sofisticación en las baladas que inmoviliza los pulmones y una selección de temas sin ningún tipo de restricción (desde composiciones de Debussy hasta las del propio Gibbs visitando a Ellington, Porter o Kern).







Ayer el señor Terry Gibbs cumplió 92 años, y debemos celebrar que tanto él como su vibráfono siguen en plena forma, como podéis atestiguar en este vídeo.





Su naturaleza inquieta y generosa se refleja en hechos como que en Madrid podamos disfrutar de su música gracias a su contacto con el saxofonista y responsable de la Bob Sands Big Band, a quien entregó partituras de esta Dream Band (cuya parte del vibráfono suele correr a cargo de una de nuestras joyas de la corona, el guitarrista Israel Sandoval). Incluso llegó a hablarse de traer a Mr Gibbs a Madrid.


Yo sigo ofreciendo habitación.



jueves, 6 de octubre de 2016

Nota a mis lectores





Avispados como sois, ya os habréis percatado de que levantando la vista unos centímetros estrenamos título para el blog.


¿Por qué? Recapitulemos:

Cuando creé el blog se cumplía un decenio de la muerte de Tete Montoliu y quise homenajearlo; así que lo bauticé «Apartamento 512». 

Pero nadie se acordaba del maldito número. Mi alter ego pareció cuajar mejor, así que temporalmente quedó como El blog de Missingduke con la idea de encontrale un nombre que me convenciera. Y así hasta este verano.


Al margen de cómo se haya apreciado desde fuera, El blog de Missingduke siempre me ha recordado a esas creativas cabeceras de la naturaleza de "El programa de Hermida". Digamos que básicamente lo detestaba.

Así que tras noches de intensa actividad cerebral en las que trataba de encontar «El Nombre» —y llegado a un punto en el que ya hasta El Blog de Pitingo me parecía una opción viable— decidí dar un respiro a mi pequeña tormenta neuronal y tener la desfachatez de acudir al talento ajeno que campa por Twtter y Facebook. 

La experiencia no pudo haber sido más gratificante.

Atorada en Aquí Jazz y después Gloria, conté con fantásticas propuestas, como el más que tentador Escrito en Jazz de +Jose Horna, los Jazz-tá o el votadísimo —como no cabría esperar de otra forma— en Twitter Bocata de Jazz de +Izaskun Granda, Jazz't A Thing de +Ana moreno llanes, el Jazz y Nada Mazz de Joseba, o En el JazzTejiendo Jazz de Lola.

En Twitter las buenas ideas y el humor tampoco decepcionaron.

Desde el Mirijazz (jugando con el punto de vista de una mirilla) de @BluegrassMad hasta los Jazzing y Jazzeando de @carmela_tfe, pasando por Jazz te digo, Filosofía y Jazz o Miss in Jazz de @mumblinggrainne, @garlic1975 y @BiciYjazz.

En fin, no quiero olvidarme de nadie, pero tampoco quería dejar de agradecer tantas propuestas, así como la molestia de los tuiteros que votaron en las encuestas.

Y sucedió entonces, como no podía ser de otra manera, que Duke Ellington se me mostró en forma de musa con bigote y decidió mano y partida. 

Bienvenidos de nuevo, ahora a It Dont Mean a Thing.


Y muchas gracias a todos.