sábado, 31 de diciembre de 2016

10 buenos discos de 2016







El último día del año es nuestra cita para recuperar las horas más inspiradoras musicalmente hablando. Si las traducimos en títulos, se conforma la lista de los álbumes favoritos de los últimos 365 días. Cabe recordar, como siempre, que la selección responde a las capacidades humanas de quien firma este texto, lo que significa que se ha elegido a partir de los trabajos a que se ha tenido acceso; apenas unos pocos centenares, que es en realidad una muestra reducida de la música que se crea en el planeta a los largo de un año.



10 favoritos de 2016





One For Marian: Celebrating Marian McPartland. Roberta Piket

Thirteenth Note Records



El legado de la pianista, compositora y divulgadora de jazz Marian McPartland es tan amplio que sin duda en el futuro seguirá regresando a nosotros en diversas formas. Una de las más hermosas que hemos recibido hasta la fecha es este trabajo de la pianista neoyorquina Roberta Piket.



En One For Marian: Celebrating Marian McPartland, ha decidido revisitar seis temas de su admirada amiga, a la que dedica otros dos compuestos por ella. No son los títulos más conocidos de McPartland, lo cual aporta aún más valor a este trabajo. Se trata de un recorrido musical francamente hermoso, henchido de sensibilidad, que logra conquistar la compleja aventura de describir con música un retrato personal y musical desde un lenguaje propio, con una serena honestidad y una excelsa sensibilidad musical.












Pick Up The Phone. Sebastián Chames

Youkali






Elegancia es la palabra que mejor describe este trabajo —y a este pianista.
Con Pick Up the Phone Sebastián Chames ha creado su propio “Poeta en Nueva York”. Un disco en blanco y negro y en color, no sólo por su interpretación capaz de hacernos viajar a la década de 1950 y al buen jazz que podemos encontrar a día de hoy en nuestros clubes; porque Pick Up The Phone suena a eso, a club y a grandes intérpretes—, sino también porque contiene uno de los ingredientes de mayor valor en un creador: la composición (7 de los 9 temas son orignales de Chames). Del hard bop a la balada, la visión de este músico es siempre interesante, sugerente, con ideas que se revisan en cada disco: perceptiva en el fondo y elegante en la forma.













Reflections. Conrad Herwig / Igor Butman
Criss Cross







Fiesta de metales, de fuerzas como grupo y como solistas. Con cinco temas de Herwig, dos de Butman y un estándar (Who Cares?), Refections ofrece un jazz potente, ya sea con su swing a muerte o una calidez en el sonido remarcable cuando es requerida. Este sexteto de grandes figuras es capaz de sonar como una big band, y no dará respiro porque así se concibe: ágil, vibrante, festivo. Resulta imposible escuchar Reflections sin que nuestros pies cobren vida propia.














Holding The Stage: Road Shows, Vol. 4. Sonny Rollins
Doxy / Okeh





No se trata sólo de una obra musical importante sino además de una pieza metamusical de la Historia contemporánea.

En este cuarto volumen de la serie Road Shows convergen una serie de características que lo diferencian de las anteriores entregas. Rollins es tan consciente de ello que nos avisa desde antes de escuchar el disco: el título contiene una advertencia y una confesión (Holding The Stage). Mixed Emotions resulta en un minuto y 50 segundos de importancia histórica de la que aquí se ha escrito anteriormente, y desembocará en el todo que es Sonny Rollins, llevándonos al océano de energía que reclama el tema más potente del disco: Keep Hold Of Yourself, con un swing y una potencia a prueba de kevlar.















Broad Horizon. Billy Cobham & Frankfurt Radio Big Band

Creative Multimedia Concepts





Cuenta Billy Cobham en las notas del disco cómo en su infancia —y pese a tener ya claro que «de mayor» iba a ser músico— , el profesor de un amigo le ofreció la posibilidad de presenciar las lecciones y tomar contacto con instrumentos para él míticos. Por eso agradece a Johnny Richards el haberle abierto un horizonte que titula este trabajo. En Broad Horizon se encuentran los lugares donde ha vivido, la música que ha aprendido y creado en ellos y la experiencias sensoriales que ha experimentado. Y, pese a ello, confiesa que nunca alcanzará ese horizonte, pero que aquí está el viaje que recorrido hasta ahora.

Este trabajo es Billy Cobham hecho cedé: él es responsable de todas las composiciones, de la producción, y, por supuesto, de las baquetas inconfundibles que acompañan a la Frankfurt Radio Big Band.












Salto Al Vacío. Pablo Martín Caminero

Bost Espacio Creativo





En Salto al vacío, la probidad en la composición, la autoridad en la interpretación y la habitual capacidad de provocar una respuesta sensible en quien escucha traspasa una rara linde: la de la música como un instrumento de narración efectivo e intensamente descriptivo. Los efectos plásticos y sensitivos que propone la pequeña suite que da título al disco superan con mucho lo meramente auditivo, alcanzando una capacidad narrativa decididamente audiovisual y casi literaria.


La naturaleza curiosa del compositor —todos los temas del álbum son de Caminero— unida a las aportaciones de los extraordinarios músicos que lo acompañan nos mostrarán otras facetas igual de atractivas: la fusión bien entendida con el flamenco en Cuentas Pendientes o la emoción en las baladas Valse Pour Noor y Cifu Para los Amigos son buenos ejemplos de ello.











A Master Speaks. George Coleman

Smoke Sessions





Aunque parezca inverosímil, éste el primer trabajo como líder de Coleman en dos décadas, quizá por eso refleja un poder musical vigorizante y autoritario; un jazz de gran profundidad y elegancia, en el que las generaciones se entregan el testigo: por un lado, por fin ha sido posible que el saxofonista pueda grabar con su hijo, George Coleman Jr., y, por otro, nos encontramos con una las últimas grabaciones del gran contrabajista Bob Cranshaw.



















Spoken Into Existence. Chico Freeman 4-Tet

CD Baby





En Spoken Into Existence está Rollins, Monk, Turrentine, pero ante todo y sobre todo está Freeman, que trae la verdad de su música en un trabajo de gran pureza, recolectando sus devenires y las conclusiones vitales y musicales de los sonidos que ha hallado en las últimas décadas. Todos los continentes se encuentran en el álbum, los géneros se mezclan con pericia y naturalidad, dando lugar a una música de gran identidad y valor.

















Upward Spiral. Branford Marsalis Quartet / Kurt Elling

Marsalis Music / Okeh





Remarcable encuentro del ya mítico cuarteto de Branford Marsalis con uno de los vocalistas de jazz más importantes del momento, Kurt Elling, quien ya en el primer tema, There’s a Boat Dat’s Leavin’ Soon for New York, nos pone sobre aviso de lo que se nos viene con toda la caballería, revisando el clásico de los hermanos Gershwin con herramientas vocales variadas, válidas, sólidas e imaginativas. Swing, bossa nova, bop la marca «Rollins» escateado con oficio… todo se visita. El grupo es un solo ente y al tiempo un regalo de solistas de ensueño. La baladas son especialmente memorables, ya sea el dúo Marsalis-Elling en I’m a Fool to Want You o la emocionalmente impactante Practical Arrangement.












Nearness. Joshua Redman/Brad Mehldau
Nonesuch




Dos músicos que se entienden y conocen tan bien como Redman y Mehldau son capaces de pensar como uno solo, por eso este trabajo —grabación de un concierto en directo— hace que recordemos por qué se trata de uno de los dúos más interesantes del año. Curiosamente, en el resultado que ofrecen juntos es difícil recordar sus pesadas personalidades de solista estrella —pese a que lo sean también en este álbum cuando resulta conveniente.
















Mención especial 2016






Cifu Entre Amigos. Varios autores
Youkali





Más que una misión, fue una auténtica revelación vital lo que llevó a Chus Fernández a embarcarse, en tiempo récord, en la creación de disco en homenaje a Cifu. Componer, grabar, editar y publicar en tres meses no es habitual; de hecho alcanza la categoría de milagro que todos estos músicos, amigos de Cifu, hayan logrado estas composiciones, estos sonidos que los unen con el divulgador y con la persona. Desde “la conexión francesa” de Fumero hasta el golsoniano We Remember Cifu, pasando por Buscando las Fuentes de Ignasi Terraza, Norman Hogue con su The Cifu Line, Mr. Smiles de Jorge Rossy o This One’s For Cifu, de Bob Sands… Y así hasta 14 temas que contienen algunos de los dichosos y probos sentimientos que Cifu inspiraba allá donde fuera.



















©Texto: Mirian Arbalejo










martes, 13 de diciembre de 2016

Cuide usted a su fotógrafo de jazz




Hace unos días tuve el honor de formar parte de la presentación de la exposición fotográfica de Esther Cidoncha en el Instituto Francés. En ella decidí hablar sobre tres circunstancias que acompañan a su trabajo y a su vida, pues quien fotografía jazz no suele caracterizarse simplemente por hacer fotos de una disciplina específica, sino por ser fotógrafo en un sentido más amplio que la mera ocupación puntual.

Sin embargo, flaco favor haremos si nos obcecamos en la percepción de esta figura romántica que consagra su vida a convertir el sonido en imagen olvidando el resto de sus circunstancias: las ajenas al artista, que son las que aporta el entorno.

Es importante recordar que, por lo general, el fotógrafo de jazz es aficionado del jazz. Pero a menudo ese entorno a que nos referimos convierte este hecho en una paradoja en vez de en la ventaja que esperaríamos en alguien que se dedica a algo que ama.

De modo que una de las displicentes circunstancias que marcan el trabajo de nuestros fotógrafos es la lucha contra esta paradoja.

Porque, de entre los fotógrafos que registran música posiblemente el que más sufre y el más incomprendido sea el fotógrafo de jazz, pues muy a menudo se comete el error de considerarlos meros técnicos en vez de reconocerlos como artistas.


Lionel Hampton fotografiado por Esther Cidoncha
No es posible realizar una fotografía como ésta en la mayoría de nuestros festivales


Al indicar que sufren hay que situar nuestra paradoja muy especialmente en los festivales y raramente en los clubes.

Cuanto más puro es el lugar donde tiene lugar el acto musical, cuanto más se conoce el jazz, más fácil será que el fotógrafo sea reconocido.

Por eso resultará más fácil verlos bucear en determinados clubes de jazz, como pez en el agua, donde es posible que realicen el trabajo artístico a que aspiran, en su caldo de cultivo.

En los últimos años hemos presenciado cómo nuestros fotógrafos han tenido que plantearse la decisión de desligarse de ciertos festivales para luchar contra esta paradoja y exigir respeto para alcanzar la excelencia en su trabajo.

Decía Esther Cidoncha que lo que convierte la fotografía en arte es que transmita más allá de la mera documentación. El fotógrafo de jazz —al menos uno que se precie de serlo—  no es un simple informador; no aspira a tirar tres mil fotos en un minuto y ver qué sale. Conoce el objeto deseado por su cámara —en este caso el músico y lo que lo rodea: desde sus ademanes hasta la peculiaridad de su instrumento—, de modo que fotografiar por fotografiar no es su meta.

¿Sabíais que en la actualidad una norma común en muchos festivales de jazz consiste en permitir que el fotógrafo tome fotos durante unos minutos (3 con suerte) pero no a quedarse a escuchar el concierto? Como si el fotógrafo fuera una maquinaria técnica y no un testigo de excepción de una música que respetan. ¿O que en cierta ocasión se llegó al disparate de pedir a los profesionales de la fotografía de jazz pagar la entrada al recinto para desempeñar su trabajo?

En el caso de Esther creo que ser selectiva con los festivales a que asistía en esta lucha contra la paradoja cobraba —por desgracia— gran sentido.


Sonny Simmons fotografiado por Esther Cidoncha
No es posible realizar una fotografía como ésta en la mayoría de nuestros festivales


Si las promotoras y equipos de prensa de los festivales o los gerentes de puntuales clubes adujeran que existen demasiados fotógrafos para pocas acreditaciones, debemos recordar entonces que los fotógrafos especializados en jazz son muy muy poquitos.

Quizá podrían tomar nota de festivales como Newport, Jazz à Luz, o los nacionales con menos pompa pero donde es posible realizar un trabajo, donde un pase recobra el sentido de la palabra y el fotógrafo puede plasmar el jazz no sólo en un escenario, sino también entre bambalinas e incluso en los camerinos. No es difícil pedir las referencias de estos fotógrafos antes de un evento y permitirles un acceso real. De hecho, en el ámbito nacional, creo que estas referencias deberían ser conocidas de antemano por los organizadores pues, como se ha señalado anteriormente, los nombres de nuestros fotógrafos de jazz conforman una lista ínfima.

Sin esa libertad del artista nos perderíamos instantáneas inolvidables de escenas en camerinos, detalles de instrumentos, del músico dentro y fuera de su elemento.


Sin el reconocimiento del fotógrafo como un artista y no como un técnico, muchas de las fotos que amamos, que forman parte de exposiciones o ganan premios no existirían.


©Texto: Mirian Arbalejo
@ Fotografías: Esther Cidoncha



viernes, 2 de diciembre de 2016

Crónica: Gil Evans Paris Workshop



Lugar: Festival de Jazz de Madrid. Teatro del Instituto Francés de Madrid
Fecha: 30 de noviembre de 2016. 21:30 horas. Aforo completo

Gil Evans Paris Workshop

Laurent Cugny: Piano, dirección y arreglos; Antonin-Tri Hoang: Saxo alto; Martin Guerpin y Adrien Sanchez: Saxos tenores; Jean Philippe Scali: Saxo barítono; Quentin Ghomari, Olivier Laisney, Malo Mazurié y Brice Moscardini: Trompetas; Victor Michaud: Trompa; Bastien Ballaz y Léo Pellet: Trombones; Fabien Debellefontaine: Tuba; Marc-Antoine Perrio: Guitarra; Joachim Govin: Contrabajo; Gautier Garrigue: Batería





Gil Evans Paris Workshop Fuente: Instituto Francés




Asistir a un concierto de la Gil Evans Paris Workshop es una experiencia parecida a pasear por un laberinto de espejos. Gran parte de ello tiene que ver con la relación —y conexión—  de Laurent Cugny con el músico, compositor y arreglista Gil Evans. Porque Cugny pudo aproximarse a la mítica figura de Evans desde diversas perspectivas: la personal —aunque unida a la de musicólogo y biógrafo— cuando en 1986 lo conoció para escribir la biografía de Evans (Las Vegas Tango, 1989); y la musical, pues en 1987 Gil Evans y la Big Band Lumiere que lideraba Cugny grabaron dos álbumes y ofrecieron 21 conciertos en Europa.

No hay añoranza en la Gil Evans Paris Workshop, sino más bien realidad y futuro. Las raíces del proyecto se asientan sin duda en rendir homenaje al talento de Evans, que ya fascinó a músicos tan difíciles de impresionar como Miles Davis, con quien formó una de la parejas musicales más prolíficas de la historia del jazz. Pero no es fortuito que para deslumbrar con esta orquesta, Cugny haya elegido un grupo selecto de jóvenes músicos franceses (todos ellos nacidos en la década de 1980).


Laurent Cugny

El repertorio consiste en composiciones de Laurent Cugny y en arreglos originales de Gil Evans —sobre todo los que creó en las décadas de 1960 y 1970— y re-arreglos sobre estos. Y en este escenario —literal y literario— se presentó la Gil Evans Paris Workshop, una formación que aúna la capacidad artística individual con el trabajo en equipo, el ayer con el mañana, y el ingenio la con la sensibilidad.

Los solos que ofrecen los músicos de esta orquesta poseen una tremenda personalidad y diversidad, creando una cierta expectación en el auditorio cada vez que un miembro de la formación se ponía en pie para expresarse con su instrumento.

Así sucedió desde el primer tema del repertorio, Krikor, composición de Cugny, en la que el saxo tenor de Martin Guerpin se fue construyendo a partir de pequeñas pinceladas apenas sugeridas hasta alcanzar fraseos cargados de mensaje; mientras que el solo de trompeta optó por la melancolía y la contemporaneidad musical, ofreciendo ambos músicos un compromiso de coherencia hacia el tema pese a sus expresiones individuales.

Con Lilia pudimos traspasar la puerta de lo onírico gracias al trabajo de Cugny y Marc-Antoine Perrio a la guitarra. La orquesta fue poco a poco creando capas de realidades musicales, confirmando su autoridad en el ensamblaje orquestal.

El cuarteto de trompetas, en líneas de recuerdo polifónico, introdujeron el estándar Spoonful. El origen bluesy de la composición convirtió el contrabajo de Joachim Govin en el ónfalo del tema. Esta versión, creada a partir de los arreglos de Evans en su disco The Individualism of Gil Evans (1964) marcó uno de los momentos de mayor sofisticación del concierto. El solo inventivo en técnicas y matices de Antonin-Tri Hoang al saxo alto aportó la astucia que requiere el sentido musical para mostrar un espíritu creativo y conciliador entre la formación de Evans y la que presentaba con su propia orquesta.

Boogie Stop Shuffle, composición de Charles Mingus, fue uno de los temas más rápidos y potentes, con disonancias medidas al milímetro; se trata del trabajo que sólo una maquinaria musical de primera puede sacar adelante con éxito.

Tras la sugerente Liviore, volvió el éxito del riesgo: el de «el arreglo sobre el arreglo», en este caso sobre la versión de Davis/Evans sobre el clásico de los hermanos Gershwin My Man’s Gone Now, de Porgy and Bess. Heredó en los arreglos ese ambiente entre lo desapacible y lo bello, apoyado de nuevo en un gran trabajo del contrabajo (de hecho parte de los arreglos se inspiran en el trabajo de Marcus Miller, que tocó el tema con Miles Davis tanto en numerosos conciertos como en el disco We Want Miles), mientras los metales se convirtieron en auténticas plañideras, dando así un sentido completo al tema.

Con Rhythm a Ning vino Monk, y aunque tanto el arreglo como la interpretación optaron por un decidido swing orquestal, el espíritu de Thelonious fue constante, con una sección rítmica percusiva y unos vientos melódicos pero festivos que jugaron con las armonías monkianas, apoyándose en los juegos de escalas y el ostinato deliberado del solo de Jean Philippe Scali al saxo barítono.

La orquesta fue dirigida con eficiencia por Cugny (y Antonin-Tri Hoang al saxo alto) creando un espectáculo musical único, peculiar, conciliando el jazz a lo largo de las décadas y demostrando que esta música vibrante y compleja está en uno de sus mejores momentos.



@ Texto: Mirian Arbalejo