sábado, 8 de abril de 2017

Sobre la peculiaridad de los premios de Jazz Journalists Association de este año





Una de las más extensas compulsiones contemporáneas tanto virtuales como en prensa son las listas. De todo tipo, estiramiento y rareza. Da igual la disciplina, la temática o la excusa: hay listas sobre todo lo listable.


Y en el jazz, por supuesto, no vamos a ser menos, aunque por ahora parece que lo hacemos con cierta contención. Y digo hacemos porque, como sabéis, sigo la autoimpuesta tradición anual de publicar mis diez discos favoritos del año. Particularmente considero útil compartir esta selección por varias razones, aunque posiblemente la más terminante sea una mezcla de dar valor y visibilidad a trabajos que han aportado algo que antes no existía y han dignificado y emocionado nuestras horas. Un pequeño quid pro quo.


En mi caso siempre elijo el último día del año para publicar mi selección, aunque las listas suelen alcanzar su cénit en enero. Es al final de ese mes cuando recorro con curiosidad todas las listas publicadas con los favoritos de unos y otros. Resulta que siempre existen nombres comunes entre nuestras listas; generalmente los discos que coinciden son bastantes… excepto este año. Y no me refiero a que los de mi lista hayan sido diferentes a los del resto, sino a las de todos con todos. Curioso, ¿verdad?


He dedicado bastante tiempo a revisar estas listas en busca de una pista, un patrón… algo que me desvelara cierto sentido. La única conclusión a la que he llegado es la siguiente: los autores (como voz individual) han premiado una forma de hacer jazz y las publicaciones se han decantado por movimientos artísticos específicos.


En el caso de los autores individuales, los «subgéneros» son variados, los músicos consolidados se codean con los emergentes, y la presencia del trabajo melódico es un ingrediente común. En las listas de las publicaciones especializadas predominan las vanguardias —especialmente lo que solemos denominar avant-garde y free-jazz—, optando, dentro de este movimiento, por trabajos donde el jazz es más conceptual y la melodía no es un elemento prioritario.


Es la primera vez —al menos en la década que llevo escribiendo sobre jazz— que se da una dualidad tan marcada entre quienes intentamos poner en palabras lo que sucede con esta música. Por eso confieso que estoy especialmente intrigada con los resultados de este año de los premios de la +Jazz Journalists Association.


Los miembros de la asociación con derecho a voto acabamos de presentar nuestras nominaciones. El siguiente paso será votar en cada categoría entre los más nominados. Lo cierto es que siento una curiosidad considerable por recibir la selección final de los nominados porque se basará en propuestas de «ambos bandos», si se me permite el simplismo.


¿Seremos fieles a nuestras listas? ¿Habrá un encuentro entre géneros? ¿Se ignorará esta interesante dualidad y saldrán los nombres de siempre?


Habrá que esperar al 1 de mayo para conocer a los nominados y al 1 de junio para felicitar a los que se harán con el galardón.


Ojalá sigamos poniendo las cosas interesantes.



domingo, 26 de febrero de 2017

100 años de discografía del jazz



Un 26 de febrero de 1917 tuvo lugar la grabación del primer disco de jazz publicado. El honor correspondió a la Original Dixieland Jazz Band








El movimiento musical en Nueva York y Chicago ya empezaba a ser vertiginoso a finales de la segunda década del siglo XX. Lo que reinaba era sobre todo aquella música dedicada al baile, pero no era en modo alguno la única oferta musical. Nos dirigíamos a los felices y locos años veinte y a la era del jazz.


En 1917 el quinteto del baterista Johnny Stein recibió una invitación para tocar en Chicago. Lo habían hecho previamente, en 1915, de modo que sabían que se trataba de grandes noticias para un grupo de músicos de Nueva Orleans, donde tocar no era precisamente rentable.

El éxito que obtuvo la Stein’s Dixie Jass Band en el Café Schiller de Chicago no pasó desapercibido, de modo que enseguida recibieron una oferta para tocar en Nueva York.


Por desgracia para Stein, el contrato en Chicago le impedía aceptar el bolo neoyorquino, de modo que el resto de la formación, consciente de la importancia de este contrato, enrolaron a Tony Sbarbaro para su debut en el Café Reisenweber de Nueva York el 26 enero de 1917.


Cartel promocional de la Original Dixieland Jazz Band. Fuente: Wikimedia Commons



El quinteto tomó el nombre de Original Dixieland Jass Band (ODJB) y lo integraban el cornetista Nick LaRocca, Larry Shields al clarinete, Eddie Edwards al trombón, el pianista Henry Ragas y el recién incorporado baterista Tony Sbarbaro.


El éxito fue tal que un par de semanas después ya tenían su primera cita de grabación.


¿No cuadran las fechas? Hay un porqué para ello.


La (ya) Original Dixieland Jazz Band tuvo su primera sesión con el sello Columbia, que consideró cuando menos discutible el valor de aquella música, de modo que decidió archivar la grabación.


El sello Victor (la entonces Victor Talking Machine Company) no sólo no mostró esos prejuicios sino que además sospechaba que el disco podría venderse bien. Así, el 26 de febrero de 1917, tuvo lugar la sesión en la que la ODJB grabó Dixie Jass One-Step (cara A) y Livery Stable Blues (cara B).








El 7 de marzo salió a la venta su disco Victor 18255 de 78 rpm, que alcanzó un éxito sin precedente, vendió millones de copias y se convirtió en el primer disco de jazz publicado.


La música de la ODJB ya no dependía de un contrato en un local para ser escuchada: sonaba por todo el país. De hecho, en cuanto terminó la I Guerra Mundial, la banda viajó a Europa para seguir cosechando éxitos.


El impacto del disco fue tremendo. Utilizando una expresión en boga, diríamos que el jazz se hizo viral.


Y el resto es historia.




© Mirian Arbalejo


viernes, 3 de febrero de 2017

Marty Paich, el genio invisible





Marty Paich era un hombre entregado a su profesión. De hecho, lo cierto es que la música no fue nunca para él una ocupación laboral, sino el elemento básico en que se desarrolló su vida. Tanto es así que, pese a su tremendo peso en la industria, nunca mostró interés por la promoción ni tuvo un agente en su medio siglo de carrera. Sabemos además que la cantidad de arreglos de Paich sin acreditar es bastante cuantioso, y éste es otro dato que muestra el carácter y las motivaciones del artista respecto a lo que era entonces el epicentro de la industria musical del planeta.


Pero comencemos por el principio; en este caso un 23 de enero de 1925, fecha en que Oakland (California) vio nacer a Martin Louis Paich. Lo suyo fue la música desde chaval (con 10 años ya había montado su primera banda); era además un ávido oyente y un estudiante extraordinario (se graduó magna cum laude en el conservatorio de Los Ángeles, contando entre sus títulos con un máster en composición. Fue alumno de Mario Castelnuovo-Tedesco durante cuatro años, así como de Arnold Schönberg, cuyas lecciones fueron el germen de que en el futuro se le considerase un referente de la orquestación sinfónica, muy especialmente por sus arreglos para cuerda).


De modo que sí, todo en Marty Paich indicaba con luz de neones que aquel hombre era músico. Y quizá en este punto habría que reflexionar sobre este término. ¿A qué llamamos músico? ¿Al intérprete? ¿Al compositor? Bueno, Paich era ambos. Pero aparte de un consagrado pianista y un gran compositor, fue arreglista, productor, líder de diversas formaciones y director de orquesta.


Pese a ello, no es una figura demasiado conocida fuera de los círculos profesionales. Quizá podría pensar el lector que sus colaboraciones fueron limitadas o acotadas a un género poco popular pero esa posibilidad cae en picado si compartimos algunos nombres de los músicos con quienes colaboró (que abarcan la música clásica, el blues, la bossa nova, el jazz, la música para cine, el soul o el pop). Algunos ejemplos son Frank Sinatra, Terry Gibbs, Sarah Vaughan, Chet Baker, Stan Kenton, Ella Fitzgerald, Mel Tormé, Shorty Rogers, Art Pepper, Lena Horne, Peggy Lee, Linda Ronstadt, Stan Getz, Sammy Davis Jr., Aretha Franklin, Barbra Streisand, Michael Jackson, Astrud Gilberto, Sonny y Cher, Ray Charles, George Benson o su alumno James Newton Howard.






En cine suyos fueron los arreglos en la película de Disney La Dama y el Vagabundo, compuso la música para la serie Ironside (por la que ganó el Emmy) y añadió el «toque Paich» en partituras tan conocidas como las de los filmes Grand Canyon o Pretty Woman. No en vano el compositor John Williams se refería a él como «los mejores oídos del gremio».



Entonces, ¿cómo es posible que haya pasado desapercibida esta prolífica e influyente figura? Es difícil dar una respuesta satisfactoria pero posiblemente una de las razones resida en que al propio Marty Paich poco le importaba este aspecto. Humildad es uno de los epítetos que más repiten aquellos que lo conocieron. Su foco era la música; lo demás era secundario, incluyendo su nombre y apellido. Digamos que en ese sentido fue una suerte de Billy Strayhorn de la costa oeste pero con un abanico genérico mayor.

Si querías una opinión relevante o, directamente, mejorar una partitura, marcabas el número del rancho de Marty Paich, ya fueras Michael Jackson o una pequeña banda local de jazz.








Heal The World (Dangerous. Epic Records, 1991): compuesta por Jackson y Paich. Arreglos intrumentales y polifónicos, dirección y teclados: Marty Paich



Y precisamente en jazz fue una de las figuras clave de uno de los movimientos más importantes de la historia de esta música, lo que llamamos el West Coast (aquel sonido que se originó en la costa oeste de EE UU, vamos). Ya fuera como líder o sideman, como intérprete o arreglista, el eclecticismo de Paich, su capacidad y gusto para los arreglos, su estilo, sensibilidad e impecable estética hicieron que podamos encontrarlo entre los títulos más destacados de la década de 1950.


Una de las muchas aportaciones de Paich tiene que ver con la extensión de la paleta cromática del sonido. Revisó lo que se conocía como los «Four Brothers» (cuatro hermanos), término que se hizo muy popular en el jazz de la costa oeste a partir de la composición homónima de Jimmy Giuffre y, más exactamente, de la sección de saxofones tenores de la orquesta de Woody Herman. Paich y Shorty Rogers —que no sólo buscaban otro sonido sino que además experimentaban a menudo con formaciones más reducidas— lo cambiaron a tres tenores y un barítono (o una flauta) y dieron protagonismo a la trompa y la tuba.





Sweetheart of Sigmund FreudCool and Crazy, de Shorty Rogers «y sus Giants» (RCA BMG, 1953), con Marty Paich al piano  







Paich-Ence. The Marty Paich Octet (GNP. 1955)



Su colaboración con Mel Tormé fue la más extensa en el tiempo; aún hoy para muchos Tormé alcanzó su cumbre musical durante su trabajo junto con el Dek-tette (pequeña orquesta de diez instrumentos) de Marty Paich.



Lulu’s Back in Town: Mel Tormé with the Marty Paich Dek-tette (Bethlehem Records, 1956)






Blues for Sylvia, tema de Brown y Paich, del álbum Bass Hit! (Verve, 1957) de Ray Brown, con arreglos y dirección de Paich




En la Dream Band de Terry Gibbs se produjo uno de los encuentros de referencia para cualquier interesado en el jazz, pues, ya en su estreno en el club Seville de Hollywood, Gibbs contó nada menos que con arreglos de Bill Holman, Bob Brookmeyer, Al Cohn y Marty Paich.




Opus One (arreglo de Marty Paich, que con una big band pudo emplear toda la artillería). Terry Gibbs Dream Band Vol. 1 (1959).





Su amistad y amplísima colaboración musical con Art Pepper —por cuyo sonido sentía devoción— resultó uno de los tándemes de mayor valor que nos ha dejado el jazz West Coast.





Donna Lee y Walkin'. Art Pepper + 11 (Contemporary Records. 1960)




Como líder, Marty Paich mostró su personalidad inquieta y creadora, editando discos en trío, cuarteto, octeto, pequeña orquesta de 10 instrumentos (su famoso dek-tette) y big band.



Lazy Afternoon. The Broadway Bit (Warner Bros. Records.1959)


Es probable que el paso de este músico en versales nos resulte nebuloso hoy en día. Puede incluso que sólo hayamos sido capaces de percibir la reminiscente impronta de su sonido. Pero Marty tejió algo único, y la urdimbre de sus pentagramas cubrió tantos frentes y con tal avidez de creación que ya no cobra importancia su desinterés en ver el nombre de Marty Paich en un lugar prominente y perdurable. No. Ahora debe importarnos a nosotros.






Ⓒ Mirian Arbalejo




sábado, 31 de diciembre de 2016

10 buenos discos de 2016







El último día del año es nuestra cita para recuperar las horas más inspiradoras musicalmente hablando. Si las traducimos en títulos, se conforma la lista de los álbumes favoritos de los últimos 365 días. Cabe recordar, como siempre, que la selección responde a las capacidades humanas de quien firma este texto, lo que significa que se ha elegido a partir de los trabajos a que se ha tenido acceso; apenas unos pocos centenares, que es en realidad una muestra reducida de la música que se crea en el planeta a los largo de un año.



10 favoritos de 2016





One For Marian: Celebrating Marian McPartland. Roberta Piket

Thirteenth Note Records



El legado de la pianista, compositora y divulgadora de jazz Marian McPartland es tan amplio que sin duda en el futuro seguirá regresando a nosotros en diversas formas. Una de las más hermosas que hemos recibido hasta la fecha es este trabajo de la pianista neoyorquina Roberta Piket.



En One For Marian: Celebrating Marian McPartland, ha decidido revisitar seis temas de su admirada amiga, a la que dedica otros dos compuestos por ella. No son los títulos más conocidos de McPartland, lo cual aporta aún más valor a este trabajo. Se trata de un recorrido musical francamente hermoso, henchido de sensibilidad, que logra conquistar la compleja aventura de describir con música un retrato personal y musical desde un lenguaje propio, con una serena honestidad y una excelsa sensibilidad musical.












Pick Up The Phone. Sebastián Chames

Youkali






Elegancia es la palabra que mejor describe este trabajo —y a este pianista.
Con Pick Up the Phone Sebastián Chames ha creado su propio “Poeta en Nueva York”. Un disco en blanco y negro y en color, no sólo por su interpretación capaz de hacernos viajar a la década de 1950 y al buen jazz que podemos encontrar a día de hoy en nuestros clubes; porque Pick Up The Phone suena a eso, a club y a grandes intérpretes—, sino también porque contiene uno de los ingredientes de mayor valor en un creador: la composición (7 de los 9 temas son orignales de Chames). Del hard bop a la balada, la visión de este músico es siempre interesante, sugerente, con ideas que se revisan en cada disco: perceptiva en el fondo y elegante en la forma.













Reflections. Conrad Herwig / Igor Butman
Criss Cross







Fiesta de metales, de fuerzas como grupo y como solistas. Con cinco temas de Herwig, dos de Butman y un estándar (Who Cares?), Refections ofrece un jazz potente, ya sea con su swing a muerte o una calidez en el sonido remarcable cuando es requerida. Este sexteto de grandes figuras es capaz de sonar como una big band, y no dará respiro porque así se concibe: ágil, vibrante, festivo. Resulta imposible escuchar Reflections sin que nuestros pies cobren vida propia.














Holding The Stage: Road Shows, Vol. 4. Sonny Rollins
Doxy / Okeh





No se trata sólo de una obra musical importante sino además de una pieza metamusical de la Historia contemporánea.

En este cuarto volumen de la serie Road Shows convergen una serie de características que lo diferencian de las anteriores entregas. Rollins es tan consciente de ello que nos avisa desde antes de escuchar el disco: el título contiene una advertencia y una confesión (Holding The Stage). Mixed Emotions resulta en un minuto y 50 segundos de importancia histórica de la que aquí se ha escrito anteriormente, y desembocará en el todo que es Sonny Rollins, llevándonos al océano de energía que reclama el tema más potente del disco: Keep Hold Of Yourself, con un swing y una potencia a prueba de kevlar.















Broad Horizon. Billy Cobham & Frankfurt Radio Big Band

Creative Multimedia Concepts





Cuenta Billy Cobham en las notas del disco cómo en su infancia —y pese a tener ya claro que «de mayor» iba a ser músico— , el profesor de un amigo le ofreció la posibilidad de presenciar las lecciones y tomar contacto con instrumentos para él míticos. Por eso agradece a Johnny Richards el haberle abierto un horizonte que titula este trabajo. En Broad Horizon se encuentran los lugares donde ha vivido, la música que ha aprendido y creado en ellos y la experiencias sensoriales que ha experimentado. Y, pese a ello, confiesa que nunca alcanzará ese horizonte, pero que aquí está el viaje que recorrido hasta ahora.

Este trabajo es Billy Cobham hecho cedé: él es responsable de todas las composiciones, de la producción, y, por supuesto, de las baquetas inconfundibles que acompañan a la Frankfurt Radio Big Band.












Salto Al Vacío. Pablo Martín Caminero

Bost Espacio Creativo





En Salto al vacío, la probidad en la composición, la autoridad en la interpretación y la habitual capacidad de provocar una respuesta sensible en quien escucha traspasa una rara linde: la de la música como un instrumento de narración efectivo e intensamente descriptivo. Los efectos plásticos y sensitivos que propone la pequeña suite que da título al disco superan con mucho lo meramente auditivo, alcanzando una capacidad narrativa decididamente audiovisual y casi literaria.


La naturaleza curiosa del compositor —todos los temas del álbum son de Caminero— unida a las aportaciones de los extraordinarios músicos que lo acompañan nos mostrarán otras facetas igual de atractivas: la fusión bien entendida con el flamenco en Cuentas Pendientes o la emoción en las baladas Valse Pour Noor y Cifu Para los Amigos son buenos ejemplos de ello.











A Master Speaks. George Coleman

Smoke Sessions





Aunque parezca inverosímil, éste el primer trabajo como líder de Coleman en dos décadas, quizá por eso refleja un poder musical vigorizante y autoritario; un jazz de gran profundidad y elegancia, en el que las generaciones se entregan el testigo: por un lado, por fin ha sido posible que el saxofonista pueda grabar con su hijo, George Coleman Jr., y, por otro, nos encontramos con una las últimas grabaciones del gran contrabajista Bob Cranshaw.



















Spoken Into Existence. Chico Freeman 4-Tet

CD Baby





En Spoken Into Existence está Rollins, Monk, Turrentine, pero ante todo y sobre todo está Freeman, que trae la verdad de su música en un trabajo de gran pureza, recolectando sus devenires y las conclusiones vitales y musicales de los sonidos que ha hallado en las últimas décadas. Todos los continentes se encuentran en el álbum, los géneros se mezclan con pericia y naturalidad, dando lugar a una música de gran identidad y valor.

















Upward Spiral. Branford Marsalis Quartet / Kurt Elling

Marsalis Music / Okeh





Remarcable encuentro del ya mítico cuarteto de Branford Marsalis con uno de los vocalistas de jazz más importantes del momento, Kurt Elling, quien ya en el primer tema, There’s a Boat Dat’s Leavin’ Soon for New York, nos pone sobre aviso de lo que se nos viene con toda la caballería, revisando el clásico de los hermanos Gershwin con herramientas vocales variadas, válidas, sólidas e imaginativas. Swing, bossa nova, bop la marca «Rollins» escateado con oficio… todo se visita. El grupo es un solo ente y al tiempo un regalo de solistas de ensueño. La baladas son especialmente memorables, ya sea el dúo Marsalis-Elling en I’m a Fool to Want You o la emocionalmente impactante Practical Arrangement.












Nearness. Joshua Redman/Brad Mehldau
Nonesuch




Dos músicos que se entienden y conocen tan bien como Redman y Mehldau son capaces de pensar como uno solo, por eso este trabajo —grabación de un concierto en directo— hace que recordemos por qué se trata de uno de los dúos más interesantes del año. Curiosamente, en el resultado que ofrecen juntos es difícil recordar sus pesadas personalidades de solista estrella —pese a que lo sean también en este álbum cuando resulta conveniente.
















Mención especial 2016






Cifu Entre Amigos. Varios autores
Youkali





Más que una misión, fue una auténtica revelación vital lo que llevó a Chus Fernández a embarcarse, en tiempo récord, en la creación de disco en homenaje a Cifu. Componer, grabar, editar y publicar en tres meses no es habitual; de hecho alcanza la categoría de milagro que todos estos músicos, amigos de Cifu, hayan logrado estas composiciones, estos sonidos que los unen con el divulgador y con la persona. Desde “la conexión francesa” de Fumero hasta el golsoniano We Remember Cifu, pasando por Buscando las Fuentes de Ignasi Terraza, Norman Hogue con su The Cifu Line, Mr. Smiles de Jorge Rossy o This One’s For Cifu, de Bob Sands… Y así hasta 14 temas que contienen algunos de los dichosos y probos sentimientos que Cifu inspiraba allá donde fuera.



















©Texto: Mirian Arbalejo