viernes, 12 de mayo de 2017

Essentially Ellington 2017, la fiesta ducal (de guardar)







Navidad, año nuevo, semana santa y fiesta ducal. Ése es el orden de los grandes cotarros festivos en el planeta.


Desde hoy hasta el domingo se celebra la vigésima segunda edición de Essentially Ellington, El concurso-festival en el que las quince bandas de instituto finalistas celebrarán el legado de Duke Ellington.


Jazz At Lincoln Center acompañada a los protagonistas (los chavales y Ellington) con diversas iniciativas, como los cinco pases de The Juilliard Jazz Orchestra en el club Dizzy’s de Nueva York con su repertorio de temas de Duke o la incorporación de este geofilter para Snapchat.







Las quince bandas interpretarán tres temas del duque, y el fin de fiesta se celebrará con el concierto que compartirán la orquesta de +Jazz at Lincoln Center, dirigida por +Wynton Marsalis  y las tres agrupaciones que el jurado haya elegido como las mejores de la competición.

Este blog proporcionará la retransmisión de cada uno de los eventos de los próximos tres días; no olvidéis que los horarios que encabezan cada vídeo son de España peninsular.


A disfrutar. 😉





Viernes 12 de mayo. 20:00 horas







Sábado 13 de mayo. 16:00 horas












Domingo 14 de mayo. 1:30 horas










domingo, 30 de abril de 2017

Érase una vez el Jazz













Había una vez un reino que no tenía trono ni rey.



En él sí había príncipes.



Bill Evans recomienda no desesperar porque algún día llegará nuestro príncipe


Miles Davis está de acuerdo con Evans en convertir Someday my prince will come, tema de la película de Walt Disney Blancanieves en un estándar de jazz



Y también un conde.



Count Basie no permitía que quedara un solo habitante del reino sin mover los pies






Su duque agasajaba a reinas de otros mundos.


A single petal of a rose, tema que compuso Duke Ellington a la reina de Inglaterra




Los pájaros emitían hermosos trinos.



Ornitología pura de la mano de Charlie Parker




Bird Calls, de Rudresh Mahanthappa




El tren silbaba saludando a su paso.



Ellington haciéndonos mover la manita para saludar al tren en Lucky Go Happy Local



Existía también un coloso, pero era un gigante que no daba miedo.





Nuestro Coloso, Sonny Rollins, y su Doxy





Había, por supuesto, mujeres hermosas.



Black Beauty, tema que compuso Duke Ellington tras la muerte de la joven Florence Mills






Pero en este reino las mujeres que sufrían alzaban su voz por el sufrimiento de otros.





Billy Holiday y su Strange Fruit




Los ciegos se encargaban de que el resto fuera capaz de ver, pues contaban con una visión que abarcaba mucho más que un par de ojos.



El maestro Art Tatum


Darn That Dream interpretada por Tete Montoliu



Con ustedes, Lennie Tristano. You Don't Know What Love Is





A los habitantes de este reino le gustaba el cine.



John Coltrane prestó mucha atención a Sonrisas y Lágrimas. Tanto que convirtió My Favorite Things en un estándar de jazz


Cautivos del Mal (The Bad and the Beautiful), de Vincente Minnelli, gustó en el reino, como demuestran Tony Bennett y Bill Evans




La música que creó Alex North para la película Espartaco causó mella en el reino. Y en Yusef Lateef





A J. J. Johnson le gustó algo más que Gene Tierney en la película de Otto Preminger Laura




Y la pintura.



Chelsea Bridge fue compuesto por Billy Strayhorn tras observar un cuadro del puente de Battersea en Londres


Fred Hersch visita los Cuadros de una exposición de Modesto Mussorgsky




Pero, sobre todo, les encantaba la música. Toda música posible. De cualquiera época. De cualquier mundo.




My Reverie, o Debussy según Terry Gibbs


El Cascanueces de Tchaikovsky con el swing de Shorty Rogers


El arte flamenco de Antonio Lizana en su versión de la Gnossienne n.º 3 de Erik Satie


En la Gruta del Rey de la Montaña, del Peer Gynt de Grieg, orquestado por Ellington y Strayhorn


Así suena Stevie Wonder en el saxo tenor de Sonny Rollins



El Cant Dels Ocells por Tete Montoliu






Paranoid Android, de Radiohead versionado por Brad Mehldau




El punto manouche de Cyrille Aimée en Off The Wall, de Michael Jackson








La ciencia y la religión convivían pacíficamente.



Synovial Joints, el manual musical de anatomía de Steve Coleman


A Love Supreme. Dios en la tierra contado por el profeta Coltrane





Astrologic, de Ernesto Aurignac







El reino contaba incluso con un monje supremo.




Thelonious Monk y uno de los cantos más hermosos del reino: 'Round Midnight





La identidad era importante, y había que protegerla a toda costa.



Kurt Elling interpreta el Lush Life de Billy Strayhorn







Pero para que los habitantes del reino vivieran en paz existía un hechizo secreto que se convirtió en ley. Una ley única que hoy vengo a contaros, y que es la siguiente: «De nada sirve si no tiene swing».













Texto © Mirian Arbalejo


sábado, 8 de abril de 2017

Sobre la peculiaridad de los premios de Jazz Journalists Association de este año





Una de las más extensas compulsiones contemporáneas tanto virtuales como en prensa son las listas. De todo tipo, estiramiento y rareza. Da igual la disciplina, la temática o la excusa: hay listas sobre todo lo listable.


Y en el jazz, por supuesto, no vamos a ser menos, aunque por ahora parece que lo hacemos con cierta contención. Y digo hacemos porque, como sabéis, sigo la autoimpuesta tradición anual de publicar mis diez discos favoritos del año. Particularmente considero útil compartir esta selección por varias razones, aunque posiblemente la más terminante sea una mezcla de dar valor y visibilidad a trabajos que han aportado algo que antes no existía y han dignificado y emocionado nuestras horas. Un pequeño quid pro quo.


En mi caso siempre elijo el último día del año para publicar mi selección, aunque las listas suelen alcanzar su cénit en enero. Es al final de ese mes cuando recorro con curiosidad todas las listas publicadas con los favoritos de unos y otros. Resulta que siempre existen nombres comunes entre nuestras listas; generalmente los discos que coinciden son bastantes… excepto este año. Y no me refiero a que los de mi lista hayan sido diferentes a los del resto, sino a las de todos con todos. Curioso, ¿verdad?


He dedicado bastante tiempo a revisar estas listas en busca de una pista, un patrón… algo que me desvelara cierto sentido. La única conclusión a la que he llegado es la siguiente: los autores (como voz individual) han premiado una forma de hacer jazz y las publicaciones se han decantado por movimientos artísticos específicos.


En el caso de los autores individuales, los «subgéneros» son variados, los músicos consolidados se codean con los emergentes, y la presencia del trabajo melódico es un ingrediente común. En las listas de las publicaciones especializadas predominan las vanguardias —especialmente lo que solemos denominar avant-garde y free-jazz—, optando, dentro de este movimiento, por trabajos donde el jazz es más conceptual y la melodía no es un elemento prioritario.


Es la primera vez —al menos en la década que llevo escribiendo sobre jazz— que se da una dualidad tan marcada entre quienes intentamos poner en palabras lo que sucede con esta música. Por eso confieso que estoy especialmente intrigada con los resultados de este año de los premios de la +Jazz Journalists Association.


Los miembros de la asociación con derecho a voto acabamos de presentar nuestras nominaciones. El siguiente paso será votar en cada categoría entre los más nominados. Lo cierto es que siento una curiosidad considerable por recibir la selección final de los nominados porque se basará en propuestas de «ambos bandos», si se me permite el simplismo.


¿Seremos fieles a nuestras listas? ¿Habrá un encuentro entre géneros? ¿Se ignorará esta interesante dualidad y saldrán los nombres de siempre?


Habrá que esperar al 1 de mayo para conocer a los nominados y al 1 de junio para felicitar a los que se harán con el galardón.


Ojalá sigamos poniendo las cosas interesantes.



domingo, 26 de febrero de 2017

100 años de discografía del jazz



Un 26 de febrero de 1917 tuvo lugar la grabación del primer disco de jazz publicado. El honor correspondió a la Original Dixieland Jazz Band








El movimiento musical en Nueva York y Chicago ya empezaba a ser vertiginoso a finales de la segunda década del siglo XX. Lo que reinaba era sobre todo aquella música dedicada al baile, pero no era en modo alguno la única oferta musical. Nos dirigíamos a los felices y locos años veinte y a la era del jazz.


En 1917 el quinteto del baterista Johnny Stein recibió una invitación para tocar en Chicago. Lo habían hecho previamente, en 1915, de modo que sabían que se trataba de grandes noticias para un grupo de músicos de Nueva Orleans, donde tocar no era precisamente rentable.

El éxito que obtuvo la Stein’s Dixie Jass Band en el Café Schiller de Chicago no pasó desapercibido, de modo que enseguida recibieron una oferta para tocar en Nueva York.


Por desgracia para Stein, el contrato en Chicago le impedía aceptar el bolo neoyorquino, de modo que el resto de la formación, consciente de la importancia de este contrato, enrolaron a Tony Sbarbaro para su debut en el Café Reisenweber de Nueva York el 26 enero de 1917.


Cartel promocional de la Original Dixieland Jazz Band. Fuente: Wikimedia Commons



El quinteto tomó el nombre de Original Dixieland Jass Band (ODJB) y lo integraban el cornetista Nick LaRocca, Larry Shields al clarinete, Eddie Edwards al trombón, el pianista Henry Ragas y el recién incorporado baterista Tony Sbarbaro.


El éxito fue tal que un par de semanas después ya tenían su primera cita de grabación.


¿No cuadran las fechas? Hay un porqué para ello.


La (ya) Original Dixieland Jazz Band tuvo su primera sesión con el sello Columbia, que consideró cuando menos discutible el valor de aquella música, de modo que decidió archivar la grabación.


El sello Victor (la entonces Victor Talking Machine Company) no sólo no mostró esos prejuicios sino que además sospechaba que el disco podría venderse bien. Así, el 26 de febrero de 1917, tuvo lugar la sesión en la que la ODJB grabó Dixie Jass One-Step (cara A) y Livery Stable Blues (cara B).








El 7 de marzo salió a la venta su disco Victor 18255 de 78 rpm, que alcanzó un éxito sin precedente, vendió millones de copias y se convirtió en el primer disco de jazz publicado.


La música de la ODJB ya no dependía de un contrato en un local para ser escuchada: sonaba por todo el país. De hecho, en cuanto terminó la I Guerra Mundial, la banda viajó a Europa para seguir cosechando éxitos.


El impacto del disco fue tremendo. Utilizando una expresión en boga, diríamos que el jazz se hizo viral.


Y el resto es historia.




© Mirian Arbalejo