domingo, 12 de octubre de 2014

Bach, Jazz y Vermut




El Auditorio Nacional de Música ha programado la integral de las obras para órgano de Johann Sebastian Bach para conmemorar el vigésimo quinto aniversario de la construcción del órgano que el INAEM encargó en 1987 a Gerbard Grenzing para la sala sinfónica del auditorio. 
Para celebrarlo, el Centro Nacional de Difusión Musical (CNDM) ha creado la iniciativa Bach Vermut, con la que han conseguido una respuesta de público realmente memorable (aforo completo el primer día).




Para la consecución de estos resultados, el CNDM ha apostado por una visión metamusical en la que aúna precios populares (de 3 a 5 € la entrada), un ambiente distendido (con puestos que ofrecen vinos de Madrid, vermut, tapas o pasteles) y una programación y unos intérpretes meritorios.


Tan solo con estas características, resulta una oferta cultural muy interesante para un sábado por la mañana; sin embargo aún falta por comentar uno de los ingredientes más destacables de esta propuesta. Se trata de Bach Jazz!


Durante los diez sábados en que se desarrollará el ciclo Bach Vermut, podremos asistir, después de cada concierto de órgano, a una visión diferente de la obra de Johann Sebastian Bach contada en clave de jazz dentro de las instalaciones del propio auditorio.


La primera de ellas tuvo lugar el 11 de octubre y corrió a cargo del cuarteto formado por Pablo Gutiérrez (teclado), Norman Hogue (trombón), Toño Miguel (contrabajo) y Daniel García (batería), que acercaron una revisión fresca y, claro está, heterodoxa, de la hermosa música que minutos antes había tenido lugar en la sala sinfónica.


Si de algo es meritoria la música de jazz es de, al menos, hallarse en un  continuo estado de creación. Un concierto de jazz siempre será único aunque lo conformen los mismos músicos y se repitan los mismos temas.


Dominar una técnica profundamente desarrollada y una gran capacidad para armonizar no será una meta para el músico de jazz, sino un instrumento imprescindible pero previo a su verdadero fin; el jazzman es él mismo cuando 
improvisa;
su naturaleza le impide repetir. Necesitará crear; está implícito en su ADN. Por esta razón nunca habrá en jazz dos actuaciones iguales. 

Es importante incidir en esta realidad sobre la improvisación porque será una de las claves por las que Bach Jazz! resulta un instrumento de gran utilidad para conseguir que un oyente sea capaz de trascender en el tiempo y en su propia forma de aprehender la música. Y eso es precisamente lo que consiguió este cuarteto el pasado sábado.


Eligieron comenzar con el Preludio del Preludio y Fuga en do mayor del Clave Bien Temperado para conseguir situarnos en un entorno afín, y así lo entendió el público, que se acercaba curioso a este reclamo de un Hamelín del siglo XXI.
Con el Aria de la Suite para Orquestra N.º 3, escuchamos cómo los géneros se mezclaban desde la autoridad rítmica de Dani García, mostrando un Bach convertido en un divertimento con aires de congas, o volviendo a las baquetas mientras Pablo Gutiérrez y Norman Hogue iban intercambiándose la melodía.


Jesus Bleibet Meine Freunde resultó un juego melódico y creativo entre el teclado y el contrabajo de Toño Miguel.

A ritmo de bossa nova nos llegó el Allegro del Concierto de Brandermburgo N.º 5, con una revisión distendida y colorista.

No podía faltar la Toccata y Fuga en re menor, entre el contrapunto y el free jazz; con una fuga que iba creando la desestructura y la sensación de caos, especialmente desde las directrices que dirigía la batería. El resto de la sección rítmica y el trombón de Norman Hogue se unieron a esa necesaria locura percusiva para después reexponer el tema y recuperar una línea melódica de nuevo.



Con el Allegro del Concierto para Dos Violines y Orquesta volvió el desenfado, con el diálogo lúdico entre Pablo Gutiérrez y Norman Hogue.

El fin de fiesta llegó con la Invención N.º 13 en la menor, que dejó un deseo de más entre un público que, si bien no reaccionaba como el que acostumbra a encontrarse en un club, supo apreciar la música que ante él estaba sucediendo, con asombro y esa utilísima herramienta llamada curiosidad.


Hasta el 30 mayo podréis seguir disfrutando de estos sábados de Bach, jazz y vermut en el Auditorio Nacional de Música.


Éstas son las formaciones que encontraréis en las siguientes sesiones de Jazz Bach! (se irán actualizando):


25 de octubre de 2014

Luis Verde, saxo tenor
Chema Saiz, guitarra
Toño Miguel, contrabajo
Noah Shaye, batería

15 de noviembre de 2014

Ariel Brínguez, saxo tenor
Iván Melón Lewis, piano
Reinier Elizarde, contrabajo
Michael Olivera, batería



martes, 7 de octubre de 2014

Bill Frisell: 'Guitar In The Space Age!'



Es prácticamente imposible adivinar cuál será la aventura musical en que estará envuelto un músico como Bill Frisell. Su enfoque personal, su naturaleza inquieta, su concepción ecléctica de la música... todo ello toma forma en proyectos siempre sorprendentes, tanto en sus colaboraciones como en sus trabajos como líder. Así sucedió por ejemplo con su disco Go West: Music for the Films of Buster Keaton o con su colaboración con John Zorn en The Mysteries.
Lo que encontramos en su último álbum, Guitar In The Space Age!, publicado hoy en EE UU, es una música sorprendente a partir de una elección nada común, rindiendo homenaje a las canciones que lo acompañaron durante sus años formativos.

Teniendo en cuenta que Bill Frisell nació en 1951 (Baltimore), será esa década y el comienzo de la siguiente lo que marque la selección (junto con temas propios del guitarrista) de lo que encontraremos en este álbum. También ese año nació uno de los ingredientes característicos del disco, la Fender Telecaster (conocida también como la tabla); el sonido de la Telecaster marcó una generación de músicos a los que este disco rinde homenaje.
En Guitar In The Space Age! encontramos temas originales de The Kinks, The Beach Boys, The Byrds, The Tornados o de Speedy West. Temas que marcaron una época pero que difícilmente encuentran lugares en común con la actual... al menos hasta que Frisell llega para demostrar lo contrario. Él mismo recalca que este disco no es un ejercicio de nostalgia, y ciertamente no es exactamente la emoción que provoca este trabajo.


Quizá pueda producir la impresión de que se trata sólo de un divertimento, cuando en realidad, Guitar In The Space Age! es una obra que ha de ser tomada con toda seriedad. Establece un compromiso con aquellos que crearon una música que nos influyó, cuya contribución se basaba, a su vez, en una generación previa embebida por la música de otra anterior, siendo así también en un sentido que avanza hasta el presente. Es una cadena de existencias y sonidos que siempre funcionará de este modo. 
En cada uno de los temas del disco se evidencia esta máxima, pero, claro está, la revisión de Frisell sobre estos "clásicos" es profundamente personal, revisitados desde una vanguardia honesta, siempre original, que no encuentra utilidad en el artificio fatuo y desarrolla melodías delicadas, en continuo movimiento, creando siempre efectos sonoros cuya naturaleza electrónica se disipa en la creatividad de Frisell y los músicos que lo acompañan.

Se trata de compañeros y amigos en la música de toda una vida; como Greg Leisz, a quien considera su hermano de guitarra. Esa complicidad entre ambos es evidente en todo el disco y se refleja especialmente en temas como Reflections From The Moon, un canon a dos guitarras con reminiscencias oníricas, y, claro está, espaciales, que crean armonías melancólicas y cargadas de ensoñación. Esta atmósfera envolvente será la tónica del disco, como sucede en temas como la polifónica y límpida The Shortest Day, o el vintage rítmico y melódico de Turn, Turn, Turn.

Todo ello da la idea de que, para crear este disco, Frisell necesitaba convocar a esta formación de músicos y amigos, que completan Tony Scherr al bajo y Kenny Wolleson en la percusión y el vibráfono. En palabras del líder del cuarteto, este disco resulta de "amar esta música y a estos chicos. Todo es aprender y profundizar en la música, y buscar de dónde venimos. (...) Ninguna música está por encima o por debajo de otra. Toda es difícil. Toda es hermosa. Es una sola".

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Bill Frisell, guitarra; Greg Leisz, guitarra; Tony Scherr, bajo; Kenny Wolleson, percusión y vibráfono.

1. Pipeline (Brian Carman/Bob Spickard) 2. Turn, Turn, Turn (Pete Seeger) 3. Messin' with the Kid (Mel London) 4. Surfer Girl (Brian Wilson) 5. Rumble (Milt Grant/Link Wray) 6. Shortest Day (Bill Frisell) 7. Rebel Rouser (Duane Eddy/Lee Hazlewood) 8. Baja (Lee Hazlewood) 9. Cannonball Rag (Merle Travis) 10. Tired of Waiting for You (Ray Davies) 11. Reflections from the Moon (Speedy West) 12. Bryant's Boogie (Jimmy Bryant) 13. Lift Off (Bill Frisell) 14. Telstar (Joe Meek).

Okeh Records. 2014.





miércoles, 1 de octubre de 2014

Road Shows Vol. 3


El tercer volumen de la serie Road Shows de Sonny Rollins, que edita el sello Doxy, sigue fiel a la filosofía del proyecto y presenta temas seleccionados de diversos conciertos del sexteto del coloso a lo largo del planeta. En esta ocasión incluye directos en Japón, Francia y EE UU entre los años 2001 y 2012. 
El directo, la música sin red, lo que sucede y se crea en ese preciso instante es lo que sabemos que interesa a Rollins; donde se muestra tal cual es, donde se encuentra como pez en el agua; donde Rollins es él mismo.


La constante en las formaciones de los sextetos serán su fiel escudero, el contrabajista Bob Cranshaw, y Clifton Anderson (sobrino de Rollins, de cuyo insigne tío recibió su primer trombón).
El resto irá sufriendo algunas variaciones a lo largo del disco dependiendo del concierto del que se haya seleccionado cada pieza, lo cual no hará más que potenciar el abanico creativo que supone el proyecto.


Este Volumen 3 incluye dos temas del propio Rollins; el primero de ellos abre, además, el disco.
Se trata del conocido Biji. Gran elección por parte de Rollins, tan perfeccionista e inconformista con las selecciones de sus directos, cuya obsesión por la excelencia le ha hecho optar en ocasiones por no dar el visto bueno para que un disco salga a la luz. Por suerte lo dio a esta pieza que tocó con su sexteto en Japón en 2001. Biji consigue recrear lo que siente el espectador que acude a un concierto de Sonny Rollins en la actualidad y recibe a su coloso como a un impacto de energía. Rollins ataca de frente en sus conciertos. Resulta una suerte de flecha, veloz, certera, que impacta en el corazón y en la mente de quien escucha. Es, como en este tema, potente, autoritario en las notas bajas, incansable, en constante creación; es un reclamo del presente, es una fuerza colosal. Y no sólo en esta pieza, sino en todo el disco, como era de esperarse.

Continúa Road Shows Vol. 3 con la preciosa balada (que ya dio a conocer en su disco Sonny, Please; Doxy. 2006) Someday I'll Find you. Es muy habitual que Rollins traiga a la luz temas del songbook americano –británico en este caso–, bien olvidados, bien bastante desconocidos, y los reivindique.
Así sucede también en el disco con Someday I'll find you, tema compuesto por el dramaturgo y compositor Noël Coward para su obra Vidas Privadas. Rollins narra y busca a lo larga de la balada, se apoya en Bobby Broom y Kimati Dinizulu en esta narración, pero será sobre todo su saxo el que cuente a través de la melodía, el que transforme, busque atravesando escalas o incluso gima (hacia 7:10). Y será precisamente en este tema donde encontremos una pista de la curiosa constante que Rollins mostrará en el disco en torno a Edward Grieg.

Patanjali es la segunda composición de Rollins en este disco, y una de las principales razones para haberlo esperado con ansia. Este tema es una de esas flechas de que hablábamos hace algunos párrafos, con el atractivo de tratarse, además, de una de las composiciones más recientes; inédita para quellos que no hayan tenido la suerte de acudir recientemente a un concierto del coloso. En él la percusión de Sammy Figueroa y la guitarra de Peter Bernstein serán sencillamente perfectas junto a Rollins.

Si hay una razón que prime sobre el resto para adquirir un ejemplar de Road Shows Vol. 3 es, sin duda, este cuarto tema del disco: Solo Sonny. En él, como adelanta el título, encontraremos más de ocho minutos de improvisación de aquel que sostiene el saxo tenor más importante del mundo. En Solo Sonny se encuentra una vida –la de Rollins– y a la vez muchas –las de ¡tantos!–. En Solo Sonny hay una discoteca y una biblioteca. En Solo Sonny está todo y están todos: desde Ellington y su In A Sentimental Mood hasta Miles Davis, pasando por Jerome Kern, Glenn Miller o las melodías populares que tararean los niños de toda generación. Y vuelve la obsesión a Grieg con La Danza de Anitra. Es ese Rollins en estado puro y en el mejor de sus momentos, que es ahora.


Why Was I Born (Jerome Kern) es, con sus 23 minutos de duración, la pieza más larga del disco. En ella la interactuación entre todos los componentes del sexteto es continua y enérgica; profundamente creativa, encontrando uno de sus máximos exponentes en el quid pro quo entre Rollins y el baterista Steve Jordan. Nos despedirán dentro de este tema con el Prelude To A Kiss de Ellington presagiando quizá la despedida que ya sabemos que significa la llegada del calipso –marca de la casa–. En esta ocasión, será Don´t Stop The Carnival, y con él, el fin de fiesta.

Road Shows Vol. 3 se erige, por tanto, como un testimonio muy cercano a la realidad del Sonny Rollins de este milenio, cuya Virtud, creatividad y constancia quedan bien reflejadas.
No es fortuito que hace sólo unas semanas declarase Rollins que practica continuamente cada día, o que negara ser un diamante ya pulido, sino una pieza por pulir aún.
En esa búsqueda contante, esperamos con emocionada expectativa tener la fortuna de escuchar en un futuro un Volumen 4 de este Road Shows.



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Road Shows Vol. 3. Doxy. 2014.
Biji; Someday I'll Find You; Patanjali; Solo Sonny; Why Was I Born; Don't Stop The Carnival.
Sonny Rollins: saxo tenor; Clifton Anderson: trombón; Bob Cranshaw: contrabajo; Stephen Scott: piano (1); Perry Wilson: batería (1); Kimati Dinizulu: percusión (1, 2, 5); Sammy Figueroa: percusión (3); Bobby Broom: guitarra (2, 4, 5); Victor Lewis: batería (2); Steve Jordan: batería (5 y 6); Peter Bernstein: guitarra (3).


Dedicado a Juan Zunzunaga.