miércoles, 31 de diciembre de 2014

10 buenos discos de 2014




Acaba el año y, como parece ser ya tradición en este blog, echamos la mirada a esos trabajos que de un modo u otro han marcado musicalmente el jazz de 2014.

No existe una razón única para la elección de estos trabajos. Evidentemente, la calidad técnica que presentan estos discos nunca será un plus, sino más bien una cuestión tan previa al trabajo en sí, que será solo más allá de la distinción de todos estos músicos como virtuosos cuando comiencen las verdaderas razones de por qué estos discos perdurarán en el tiempo.


Y así es; la técnica es un instrumento para llegar a una finalidad mayor. Como indicamos hace unos días, la búsqueda de la belleza —si no del bien— es uno de los motivos que han hecho que estos trabajos estén entre mi selección: en la perfección técnica debe haber sitio para la calidez. Puede que al escuchar algunas de estas composiciones e interpretaciones tengamos la sensación de que entran directos a nuestra mente, pero tarde o temprano despertarán nuestras emociones, crearán escenarios sensibles, sugerentes, interesantes. Todos y cada uno de ellos son la entrada a mundos muy diversos, difícilmente comparables ni entre ellos ni con otros. Esa peculiaridad es otras de la razones decisivas por la que forman parte de esta selección.


Llegados a este punto, es oportuno aclarar que no me encuentro en condición alguna de hablar de "los mejores" discos del año por dos razones que sospecho que me acompañarán siempre.
La primera de ellas es, como comenté el año pasado, la imposibilidad de escuchar todos los trabajos publicados a lo largo del planeta en 2014. Desde luego, mi deseo sería conseguirlo, pero temo que es una utopía para cualquiera. La segunda razón que me impide declarar esta lista como lo mejor, es que, pese a que busco con honestidad las virtudes en los trabajos que escucho, soy consciente de que siempre habrá una parte subjetiva que forme parte en estas selecciones, pues, al fin y al cabo, estamos hablando de arte y, como se ha comentado anteriormente, las cuestiones técnicas no deben ser las únicas que definan el valor de una obra que se considere artística.

Por estas razones, puedo atreverme a decir que todos estos trabajos de los que hoy hablo son buenos discos. Son, objetivamente, trabajos valiosos, pero presentan además una serie de méritos que me han hecho considerarlos ejemplos paradigmáticos de este año que ahora acaba. Por tanto, de entre los discos publicados en 2014 que he podido escuchar, quiero destacar estos:



 LANDMARKS
Brian Blade, Melvin Butler, Jon Cowherd, Chris Thomas, Myron Walden, Jeff Parker/Marvin Sewell
Blue Note Records

Landmarks es el cuarto álbum de Brian Blade & The Fellowship Band, de regreso en esta ocasión al sello Blue Note.
En él tiene lugar la creación de un ambiente personal a partir de un legado musical de reminiscencias sureñas, cuya herencia se reivindica en la construcción rítmica del trabajo del líder del proyecto, el baterista Brian Blade, que busca sencillez en su forma y sinceridad en su fondo. Recupera el protagonismo de la melodía entre caminos emocionales que marcan ciclos o evocan himnos de manera ascendente.
Es difícil, además, no sentir empatía con las motivaciones que inspiran Landmarks, como el tema Farewell Bluebird, homenajeando al club de Nueva Orleans Bluebird, que tuvo que cerrar sus puertas en el año 2009. Reivindicar esta realidad de nuestro extraño siglo xxɪ es, por desgracia, un acto que ya no puede resultarnos en modo alguno caprichoso, sino que ejemplifica muy bien la realidad musical y social de una época, al tiempo que reafirma la identidad de este trabajo y de este Fellowship que vuelve a ser sexteto.



LOOKIN’ UP
Joe Magnarelli, Steve Davis, Anthony Wonsey, Mike Karn, Jason Brown
Posi-Tone Records

Este primer trabajo de Joe Magnarelli para Posi-Tone celebra el jazz en todos los sentidos del verbo: convoca una reunión (de 5 fieles de primer orden) para crear un espectáculo de fuerza contagiados por el beat pleno —en energía y alegría— de Magnarelli, de modo que celebrar es también festejar, con un hard bop celérico y lleno de optimismo, pero cálido y elegante en las baladas.
Lookin' Up es un remanso de alegría en un escenario musical en el que los movimientos actuales del jazz parecen estar cada vez menos interesados en elegir la calidez.



THE RITE OF SPRING
The Bad Plus
Masterworks

Esta revisión de la obra de Stravinsky no es sensu stricto una versión. No existe intento alguno de jazzear un clásico o de hacer un guiño al original. Sí es una adaptación de la obra sinfónica para tres instrumentos, en un arreglo tan brillante, expresivo y fiel a la partitura original que lo convierte, sin duda, en una de las publicaciones más interesantes de este año. 
Es evidente que Ethan Iverson sería capaz de tararear de memoria La Consagración de la Primavera incluso dormido. Lo que sucede mientras lo hace despierto y tocando con el resto del trío es sorprendente, pues este trabajo de The Bad Plus presenta aquello que encontramos en la obra de Stravinsky: una partitura impactante, una adaptación sorprendente, incisiva e inteligente, y una interpretación percusiva, febril y, por supuesto, mistérica.



ROAD SHOWS VOL. 3
Sonny Rollins, Clifton Anderson, Bob Cranshaw, Stephen Scott, Perry Wilson/Kimati Dinizulu/Sammy Figueroa, Bobby Broom, Victor Lewis/Steve Jordan, Peter Bernstein.
Doxy/Okeh

Puede que de los tres volúmenes que componen de la serie Road Shows de Sonny Rollins, este Vol. 3 sea el más redondo de ellos.
Como ya se comentó en su reseña, Rollins sigue fiel a la filosofía del proyecto: el directo; de modo que encontraremos temas interpretados en los conciertos que ha ido ofreciendo a lo largo del planeta con su sexteto en los últimos diez años.
La elección de temas (propios y ajenos, nuevos y antiguos) es casi tan destacable como su interpretación, que no da tregua, es vital e incombustible como el propio Coloso.
Aun así es inevitable hacer hincapié en el cuarto tema del disco: Solo Sonny. En él, como adelanta el título, encontraremos más de ocho minutos de improvisación de aquel que sostiene el saxo tenor más importante del mundo. En Solo Sonny se encuentra una vida —la de Rollins y a la vez muchas las de ¡tantos!. En Solo Sonny hay una discoteca y una biblioteca. En Solo Sonny está todo y están todos. Es ese Rollins en estado puro y en el mejor de sus momentos, que es ahora.
En Road Shows Vol. 3 se encuentran todos los ingredientes de un disco mítico presentado en el celofán de la tormenta improvisadora y, en definitiva, esa Fuerza de la Naturaleza que es Sonny Rollins.


MISE EN ABÎME. THE STEVE LEHMAN OCTET
Steve Lehman, Jonathan Finlayson, Mark Shim, Tim Albright, Chris Dingman, Jose Davila, Drew Gress, Tyshawn Sorey
Pi Recordings

Tras la publicación en 2009 de Travail, Transformation and Flow, esperábamos con verdadera curiosidad este Mise en Abîme, del octeto del saxofonista Steve Lehman, muy especialmente expectantes a las composiciones, que prometían un intercambio enriquecedor entre los ocho virtuosos que interpretan e improvisan en torno a la música microtonal de Lehman, inspirado en esta ocasión por el recurso narrativo de la puesta en abismo, enmarcando estructuras armónicas por medio de la libertad instrumental y la creación de un sonido inquietante y a la vez ordenado.
Mise en Abîme no es sólo un buen disco, sino, posiblemente, un disco importante. Quizá una de las señales que apuntan a este hecho sea que la falta de calidez en este trabajo pueda ser ignorada, pues nuestra atención será captada de forma hipnótica desde la primera nota. El futurismo ya no existe; cualquier etiqueta es innecesaria y llevaría a una discusión fatua para terminar perdiéndose entre las armonías espectrales propias de Lehman, que presenta un proyecto que ha de despertar, como mínimo, nuestro interés, si no nuestra fascinación.



O.F.N.I.
Pablo Martín Caminero, Moisés P. Sánchez, Ariel Brínguez, Toni Belenguer, Michael Olivera
Bost Espacio Creativo

Pablo Martín Caminero es un músico que no deseo definir; es mucho más interesante aproximarse a él a partir de sus proyectos, resultado de un constante estado de búsqueda más cercano a la inevitabilidad que a una máxima disciplinar.
Posiblemente las dos principales razones que refuerzan el valor de este O.F.N.I. (Objeto Flamenco No Identificado) sean, por una parte, las composiciones originales de Caminero, tan libres en su concepción y vivas en su rítmica, y, por otra, la unidad interpretativa que resulta cuando este quinteto sabe traer a la vida las escenas y emociones que se describen en los temas del disco.
Y aunque el término fusión se refiera a la unión de varios, en este caso resultaría una descripción limitante, pues esta nave planea entre relatos musicales que no necesitan más identidad que la realidad en que se desarrollan. Los ritmos flamencos, la improvisación del jazz, el clasicismo que homenajea a sus maestros, todo ello está presente pero nunca como destino del proyecto, que no desea cumplir esos cupos psicológicos que en ocasiones se encuentran en la unión de estos géneros.
O.F.N.I es una hermosa forma de expresión musical que produce una mezcla de atracción y sentido de la coherencia en el oyente desde el mismo momento en que se sostiene el cedé, antes incluso de comenzar a escucharlo.



THE ORIGINAL MOB
Jimmy Cobb, Peter Bernstein, Brad Mehldau, John Webber
Smoke Sessions

Aquellos que puedan acotar a Jimmy Cobb como una vieja gloria que formó parte del Kind Of Blue de Miles Davis deberían ser la pimera de las audiencias de este The Original Mob, en el que el baterista —a días de cumplir 86 años— recupera el Cobb's Mob de aquellos que fueron un día sus alumnos, dándonos la oportunidad de poder volver a disfrutar de un cuarteto tan memorable como este.
Es el primer disco de la serie Smoke Sessions en ser grabado sin público, moviendo las mesas del club para convertirlo en un estudio. Jimmy Cobb comentaría más tarde que el ambiente le hizo recordar las primeras sesiones de grabación en la vivienda de Rudy Van Gelder
El repertorio lo componen temas de Cobb, Mehldau (más que cómodo en terrenos más afines al bebop en esta cita), Berstein, estándares de jazz e incluso un tema de Borodin.
Tal y como sucede con el disco Lookin' Up, de Joe Magnarelli, The Original Mob es capaz de crear un jazz resuelto y febril (no en vano el corazón de este trabajo y de esta formación son las baquetas imparables y enérgicas de Jimmy Cobb) en el que encontrar un remanso de entusiasmo en un escenario musical que parece decantarse cada vez menos por el júbilo o la calidez.



CHARLIE HADEN/JIM HALL
Jim Hall y Charlie Hayden
Impulse! (Blue Note Records)

La elección de una formación en dúo ha sido siempre más que memorable durante las carreras tanto de Jim Hall como de Charlie Haden. es difícil no pensar en el legado de Hall uniendo fuerzas —o más bien buscándolas, sensiblemente hablando— con Bill Evans, o en el de Haden con Ornette Coleman.
Pero en esta ocasión, la sección Impulse! del sello Blue Note ha elegido este concierto que el dúo llevó a cabo durante el Festival de Jazz de Montreal de 1990. La publicación es póstuma pero sólo de forma circunstancial por parte de la discográfica, pues la edición fue decidida en vida de ambos.
Si al incentivo de dos grandes talentos individuales se une una capacidad de comunión y de diálogo como la que estos dos seres humanos poseían, el resultado será un intercambio de ideas constante, rico, original y, desde luego, muy elegante. En este disco se encontrará un jazz tejido entre la inteligencia y la emoción.



SOLILOQUIO
Moisés P. Sánchez
Autoproducción

El hombre solo. El músico solo. Estas dos circunstancias que pueden parecer sencillas son en realidad profundamente complejas; de hecho no existe un paso más allá en terreno vital. 
Moises P. Sánchez enfrenta estos dos hechos en su primer trabajo discográfico de piano solo (con el cerramos la aparición del concepto solo en este escenario).

Soliloquio es un juego de espejos lleno de yuxtaposiciones tanto en los títulos de los temas como en sus estructuras armónicas. Y, aunque podamos encontrar a Béla Bártok,  Rajmáninov o Brad Melhdau entretejidos en las composiciones de este trabajo, la mayor de las virtudes del disco es sin duda la oportunidad de ser testigo de cómo un músico tan personal y talentoso como Moisés P. Sánchez se enfrenta a su propio enigma ante la esfinge. Y lo hace con esa riqueza de gran estilista tan definitoria en él, biográficamente generoso en sus composiciones, lanzándose al vacío para suerte de su audiencia.



RETURN OF THE JAZZ COMMUNICATORS
Abraham Burton, Steve Nelson, David Bryant, Dezron Douglas, Louis Hayes
Smoke Sessions

Aunque Louis Hayes no pueda ya contar, como lo hiciera en la década de 1960, con Freddie Hubbard o  Joe Henderson, tras escuchar al quinteto que convocó para esta sesión que registró Smoke, podemos asegurar que sí, efectivamente los Jazz Communicators están aquí, en este siglo xxɪ, que su sonido es fascinante, desplazándose entre lo clásico y lo moderno, dando lo mejor del propio Hayes como músico y como líder, demostrando una forma y un sentido musical excelentes.

El tándem melódico Steve Nelson/Abraham Burton y el swing de Hayes resultan tan irresistibles como la atmósfera que crean. El vibráfono de Nelson será definitivo en las baladas (muy especialmente en Lush Life) y el piano de Byant realzará a esa avanzada melódica en un quinteto con un swing a muerte y un sonido que reivindica su fuerza en el directo.





Este año deseo hacer una mención especial, pero no se trata de un disco ni de un músico, sino de un sello discográfico.
SMOKE SESSIONS ha sido creado para dejar testimonio de las actuaciones en directo que tienen lugar en el Smoke Jazz Club de Nueva York.
Todos y cada uno de los trabajos que ha publicado el sello durante 2014 son más que destacables, más que sobresalientes, más que recomendables. Dos de sus títulos aparecen en esta selección que he querido compartir pero he de confesar que me ha resultado tentador poner todos, y difícil y no ceder a hacerlo.

For All We Know, de David Hazeltine; Return Of The Jazz Communicators, de Louis Hayes; The Original Mob, de Jimmy Cobb; Midnight Melodies, de Cyrus Chestnut; Liberation Blues, de Orrin Evans; Groovewise, de Eric Reed, y Expression, de Javon Jackson reúnen una serie de valores evidentes a los que se unen los propios de sello discográfico: el reconocimiento de la importancia del directo en una música como el jazz, que se nutre de la improvisación (todos los conciertos fueron grabados durante actuaciones con público excepto en el caso de The Original Mob) y el acierto de querer registrar lo que sucede cuando de ese directo son responsables los mejores músicos de la escena musical neoyorquina.
Nos frotamos las manos pensando ya en 2015...




viernes, 19 de diciembre de 2014

Estándares de Jazz: 2. 'I Wants To Stay Here' ('I Loves You, Porgy')





En nuestra anterior Introducción al Estándar de Jazz observamos cuáles son los orígenes más comunes de los temas que terminan recibiendo esta consideración, pero también indicamos que gran cantidad de estas composiciones pueden provenir de fuentes muy diversas.

El tema que visitamos hoy es un ejemplo claro de ello, pues se trata de un dúo de la ópera Porgy and Bess, cuya música compuso George Gershwin. Su hermano Ira se encargó del libreto, trabajando en esta ocasión con DuBose Heyward, el autor de Porgy, la novela (y de la obra teatral posterior, para la que trabajó junto con su esposa) que inspiró a los hermanos Gershwin a crear Porgy and Bess.

En este trabajo conjunto —actualmente reconocido como una de las obras más importantes de la música americana del siglo xx— se dieron cita las ideas estéticas de George —tan frescas, ricas y sensibles que figuras como Ravel o Stravinsky consideraron contraproducente academizarlas—, la genialidad de Ira para adaptar textos a las melodías de su hermano y la implicación del autor, DuBose Heyward, creador y principal conocedor de lo que sucedía a los personajes que vivían en Catfish Row, barrio ficticio de Charleston en que se desarrolla Porgy and Bess.



El talento, el trabajo y la consecución de un objetivo común fueron los motores que hicieron que la obra obtuviera una gran acogida desde su estreno en 1935, pero George, que consideraba Porgy and Bess su mejor trabajo, se sentía insatisfecho con que su composición fuera tipificada como un simple musical folclórico. Tras su muerte empezó a recibir la consideración de ópera americana, en gran medida gracias a las representaciones que dirigió en Broadway Rouben Mamoulian, quien en 1959 colaboró a su vez con Otto Preminger para la versión cinematográfica homónima protagonizada por Sidney Poitier, cuyas actuaciones musicales fueron dobladas por el reputado barítono de ópera Robert McFerrin —primer cantante de raza negra que cantó en la Metropolitan Opera de Nueva York y padre del conocido vocalista Bobby Mcferrin— o a la fastuosa producción de la Houston Grand Opera en el año 1976 —que al menos Ira sí pudo presenciar—. Desgraciadamente falleció antes de la culminación operística de Porgy and Bess en la década de 1980 en el Metropolitan Opera House y en el Festival de Ópera de Glyndebourne.


Porgy and Bess ha sido origen no de uno, sino de varios estándares de jazz, siendo Summertime el más conocido e interpretado de todos ellos. No obstante, ha brindado temas tan hermosos como Bess, You Is My Woman Now, My Man’s Gone Now, I Got Plenty O’ Nuttin’ o el que hoy nos ocupa: I Loves You, Porgy (también conocido como I Wants To Stay Here), dúo de la escena tercera del Acto II de Porgy and Bess.





Pese a que llame la atención la ortografía de los títulos, hay que tener en cuenta que para componer la obra, los Gershwin y los Heyward observaron a  los Gullah del área de Charleston para basarse en los personajes que poblarían el ficticio barrio de Catfish Row, de modo que entre la naturaleza criolla del lenguaje y el hecho de que sus marginales personajes son en su mayoría analfabetos, es de alabar el trabajo tanto de DuBose Hayward como de Ira Gershwin a la hora de crear un diálogo creíble, en el que el inglés no debe ser académico y mucho menos perfecto, de ahí que los errores ortográficos en título y letra supongan en este caso un acierto (“I wants to stay here”. “You is too decent”). Es habitual encontrar versiones que sobrecorrigen el libreto original de Ira Gershwin y DuBose Heyward, pero al optar por tratar de mejorar el texto lo que se consigue es que quien cante esta pieza ya no sea Bess, o, desde luego, no la Bess que vive en Catfish Row, no la infeliz e iletrada Bess dominada por un amante abusivo que canta confusa y sobrecogida ante el amor gentil y abnegado del mendigo lisiado Porgy.



Porgy and Bess es un canto a la desesperanza. Es, paradójicamente, el antisueño americano, un catálogo de la falibilidad humana, de la siempre actual imperfección del que triunfa ante la impotencia del luchador, del lastre de la debilidad y el precio que conlleva.
En Porgy and Bess no se habla sobre el destino, sino sobre el origen, y hasta qué punto soñar o luchar puede cambiar las cartas que nos han sido dadas al nacer.


Bess, un ser adaptado a la desesperanza, unida a dos hombres por dos dependencias diferentes: a su amante, el rufián Crown, y a Sporting Life, su camello y proyecto de proxeneta. Entre estas posibilidades vitales tan limitadas en las que Bess se encuentra, parece difícil para ella ver más allá del maltrato y el abuso. Quizá es por eso que la protección y el amor que Porgy, un hombre de cuerpo lisiado pero alma intachable (“You is too decent to understan’”), la ofrece resulten impactantes, hasta el punto de, primero, la incredulidad y, después, la resignación de una realidad dolorosa presuntamente incompatible con la realización personal, la satisfacción o la felicidad. Es en algún punto situado entre estas crueles y a la vez sublimes revelaciones donde Bess canta a su hombre, al amor que jamás se atrevió a soñar, canta al destino, a esa posibilidad caprichosa que le es tan conocida y a la que tanto teme. De algún modo, Bess canta a un si se me permite soñar, si de veras existes, y, a la vez, esto es lo que soy, tengo miedo, deseo vivir. Pero siempre la acompañará un temor profundo a atreverse a soñar con una vida mejor, envuelta en una sensación de indignidad que ella considera casi como una segunda piel (“I wants to stay here but I ain’t worthy”)


Aunque I Loves You Porgy fue compuesta para dúo, ha terminado confundiéndose con un aria por el gran número de solistas que la han interpretado, aunque en algunos casos —como en el de Ella Fitzgerald— un único solista ha recreado ambos personajes.


Dado nuestro interés en aproximarnos al tema como estándar de jazz, no entraremos en consideración con las versiones puramente operísticas.


Retomando el ejemplo de Ella Fitzgerald, hay que destacar la mítica suite de Porgy and Bess que Fitzgerald interpretó junto con Louis Armstrong en un trabajo orquestado de forma brillante por Russell Garcia y producido por Norman Granz. La cantante volvería a elegir la pieza para su repertorio en numerosas ocasiones.






Otras versiones vocales recomedadas son las de Billie Holliday, Nina Simone (1958) Diahann Carroll (también con André Previn), Lena Horne con Larry Belafonte, Mel Tormé y Frances Faye, Chris Connor o Julie London. Otras interpretaciones interesantes son las de Sammy Davis Jr y Carmen McRae, Malia o Shirley Horne y Stuff Smith.

Tanto la versión del trío de Bill Evans en 1961 como su aproximación en piano solo (1977) dejaron patente que se trataba de una composición perfecta para el pianista, que pudo identificar su manera de hacer música con este tema lírico, humano, trágico y algo onírico.









Estas características lo hicieron revivir también a manos de Keith Jarrett o de Oscar Peterson. Este último lo eligió en numerosas ocasiones para su repertorio con diversos intérpretes que aportaron realidades musicales ricas y eclécticas, como en el dúo junto con Joe Pass en el que Peterson se atrevió con el clavicordio, o la soñadora versión junto a Buddy De Franco del año 1954.








Otras versiones interesantes de piano solo son las de artistas como Thomas Clausen, Mario Rusca, Johnatan Hurtado, Michael Cunningham o Anthony Belfiglio.




El bajista Marcus Miller presentó un tema prometedor que acabó sin tener sentido, pues pareció atraído simplemente por una melodía hermosa sin contexto alguno, de modo que no era posible encontrar en él un canto a la esperanza o a la redención, y mucho más difícil es encontrarlo en aproximaciones como la de Chaka Khan. Afortunadamente existen ejemplos de músicos contemporáneos con interpretaciones sólidas y personales, como las de Joe Henderson y John Scofield o McCoy Tyner con Bobby Hutcherson.










Otras versiones recomendadas son las de Curtis Fuller, Modern Jazz Quartet, Clark Terry, Louis Hjulmand y Niels-Henning Ørsted Pedersen o Lionel Hampton.


Podéis encontrar aproximaciones interesantes en las interpretaciones de Buddy De Franco Quintet, Arturo Sandoval, Jarek Smietana, Jazz Class Orchestra (Meets Phil Woods), Charles McPherson Quartet, Heinz Sauer y Michael Wollny o Slide Hampton Octet.


Una de las recreaciones más hermosas que nos han llegado responde al tándem Gil Evans Miles Davis, quienes en 1958 publicaron el disco Porgy and Bess, basado en la obra de los hermanos Gershwin. Un año después se editaría la paradigmática versión de Bill Potts, que arregló la partitura original con ese toque west coast en The Jazz Soul of Porgy and Bess.

Precisamente, uno de los temas más aclamados de la versión Evans-Davis es I Loves You, Porgy, en el que parece entreverse el miedo pese a la emoción ante un amor y una felicidad inesperadas. La interpretación de Miles Davis y los arreglos sofisticados y sugerentes de Gil Evans van creando una carga de ese peso humano que promete amenazar cualquier promesa, y que concluye presagiando el desenlace de la propia obra: ese final abierto pero cíclico en su maldición humana de querer y no poder.