lunes, 1 de diciembre de 2014

Estándares de Jazz: 1. 'Lush Life'




I used to visit all the very gay places,
Those come what may places,
Where one relaxes on the axis of the wheel of life
To get the feel of life from jazz and cocktails.


The girls I knew had sad and sullen gray faces
With distingué traces that used to be there
You could see where they'd been washed away
By too many through the day. Twelve o'clock tales.


Then you came along with your siren song
To tempt me to madness.


I thought for awhile that your poignant smile
Was tinged with the sadness of a great love for me.
Ah yes, I was wrong.  
Again I was wrong.
Life is lonely again
and only last year everything seemed so sure.


Now life is awful again
a trough full of hearts could only be a bore.


A week in Paris could ease the bite of it.
All I care is to smile in spite of it.


I'll forget you, I will
While yet you are still burning inside my brain.


Romance is mush stifling those who strive
I'll live a lush life in some small dive.


And there I'll be, while I rot with the rest
Of those whose lives are lonely too.


Cuando una pieza se convierte en estándar de jazz, las razones no son gratuitas. Como indicamos anteriormente en nuestra introducción a este viaje por los estándares que hoy comenzamos, estas causas responden a la atemporalidad, la notoriedad de la pieza o la interpretación desde diferentes aproximaciones. El tema con que abrimos esta serie monográfica sobre estándares de jazz no solo responde a estas características sino que además se trata de uno de los más respetados —en ocasiones venerado y otras temido— y a los que más se sigue recurriendo en la actualidad (en 2014 han publicado versiones de Lush Life artistas tan diversos como Louis Hayes o Lady Gaga).



En Lush Life Billy Strayhorn (Dayton, Ohio, 1915 - Nueva York, 1967) consigue una mezcla de decadencia y sofisticación, de realidad y ensoñación, de romance y desamor, sin que ninguno de estos contrastes caigan en la paradoja ni puedan parecerle ajenos a oyente alguno. Porque, si existe un leitmotiv claro en la pieza, es la dualidad, que comienza, claro está, con una verdadera unión entre el trabajo musical y el literario, sin que sea posible concebir el uno sin el otro. Tanto la letra como la melodía de Lush Life son dos hilos que han sido tejidos para formar un retal definitivo, de modo que la complejidad de la estructura armónica coincide con la original elección en la creación del verso


La dualidad enfrenta la realidad del ser humano y la del músico como una única existencia en la que se yuxtapone la soledad (“life is lonely again”) y la compañía (“with those whose lives are lonely too”), aunque sea esta una cohorte cargada a su vez de soledad.


Las palabras y expresiones a las que Staryhorn aplica la figura —retórica— de la repetición —y no solo como una mera rima a final de verso— son “life”, “places”, “I was wrong” y “again”, lo que remarca la idea de la frustración y a la vez de la identidad del antihéroe que parece encarnar el propio autor.


En este punto hay que aclarar que no tiene sentido concebir esta obra sin tener en cuenta las circunstancias de su creador, pues Billy Strayhorn enfrentó un entorno hostil hacia su realidad: ser un varón de raza negra y homosexual confeso en una época en que la segregación era tan fuerte y la libertad sexual era una asignatura pendiente. La elección de Strayhorn fue vivir su realidad y enfrentar las batallas que vinieran desde ambos flancos con coherencia, dignidad y una dedicación vital a su naturaleza más poderosa: la de músico.


Billy Strayhorn fofografiado por
William P. Gottlieb
Sabiendo esto, las lecturas de muchos de los mensajes que son lanzados no pueden ser categóricas, y de hecho, las ambivalencias en la letra son uno de los puntos que más debate han creado a lo largo de los años. Esta es la razón por la que, en esta ocasión, no se ha optado por acompañar en este análisis una traducción, pues sería imposible ser fiel al original. Ya solo el título (Lush Life) y el primer verso ("I used to visit all the very gay places") están cargados de polisemia y abren una serie de posibilidades que solo consiguen enriquecer el avance y estimular a quien escucha.




El tema va anunciando su final con la misma carga de ambigüedad y conceptos yuxtapuestos: "Romance is mush" (tan lejano ya a aquel deseo de "a great love for me"), "I live a lush life in some small dive"; para cerrar con la certeza de la soledad junto a aquellos que son sus iguales.


Llama poderosamente la atención que Billy Strayhorn contara solo con 16 o 17 años cuando comenzó a componer Lush Life (en un principio titulada Life is lonely) y que un adolescente tuviera el bagaje emocional necesario para escribir este texto y una visión musical tan creativa en una carrera que apenas empezaba a vislumbrarse.
De todas formas, lo más probable es que el tema fuera madurando a la par que el autor. De hecho, Lush Life se considera a menudo una suerte de biografía musical del propio Strayhorn, que durante más de una década sólo interpretaba el tema en privado para pequeños círculos —parece que en alguno de ellos se encontró Duke Ellington cuando decidió contratar a Strays—.


En el año 1948 Lush Life se interpretó por primera vez en público durante un concierto de la orquesta de Duke Ellington en el Carnegie Hall. La pieza fue cantada por Kay Davis acompañada por el propio Strayhorn al piano.




La primera versión que alcanzó popularidad fue la de Nat King Cole, pero su enfoque musical desde una orquestación latino-comercial y su interpretación de la letra —la sensación de escuchar a un narrador que sonríe en todo momento en un tema con breves momentos que realmente puedan justificarlo— disgustó a Strayhorn, que, pese a su naturaleza introspectiva, llamó al cantante para comunicarle su rechazo a una versión errada en quizá demasiados aspectos.


Al año siguiente (unos 16 después de que el tema existiera) el autor registró por fin la partitura (en Tempo Music, que pertenecía a Ellington).


Lush Life se consideraba una pieza eminentemente vocal, pero muchas de las versiones que han sido narradas por un vocalista han fallado. De hecho, es más fácil encontrar buenas versiones del tema entre instrumentistas pese a la dificultad de transmitir el mensaje sin palabras. Algunas de estas aproximaciones se han realizado además desde la introspección de un instrumento solo, reconociendo quizá el carácter autobiográfico que parece inspirar el tema de Billy Strayhorn. El hombre enfrentado a él mismo, y el músico ante su reflejo, eso es lo que encontramos en el Lush Life que interpreta Joe Henderson sin más compañía que su saxo. También Tete Montoliu supo descifrar el enigma en solitario (y en compañía). En otros casos el instrumento en sí limitaba la formación, pero eso no evitó que el baterista Philly Joe Jones fuera uno de los intérpretes que mejor narró Lush Life desde la sección rítmica.
John Coltrane ha sido una de las figuras que mayor devoción ha mostrado por el tema de Strayhorn, tanto en la conocida versión con el vocalista Johnny Hartman como, sobre todo, en su trabajo en sexteto en el disco que tituló como el estándar que nos ocupa y que aún hoy supone un referente de cómo interpretar un estándar.






Por supuesto, Stan Getz y su toque único a la hora de interpretar una balada es otro ejemplo de saber hacer y saber contar.


Otras versiones instrumentales a tener en cuenta, además de las propias de Billy Strayhorn, son las de Russ Freeman y Chet Baker, Archie Shepp, Gene Ammons, McCoy Tynner, Stanley Sagov y Larry Coryell, Klaus Weiss y Clifford Jordan, Alex Bugnon, Anthony Braxton, Jim Mullen, Chick Corea, Peter Hazeltine, Bud Powell, Ernie Watts, Heinz Sauer y Bob Degen, George Arvanitas Trio, Bud Powell, Frank Rosolino, Bobby Timmons, Louis Hayes o Renee Rosnes y Lewis Nash.


También es destacable la versión del polifacético Russell Garcia, en esta ocasión arreglando el tema para His Four Trombone Band. Y de ahí a la big band sólo hay un paso; así sucede con las versiones de Bill Holman, Harry James o Al Porcino; este último supo además recrear la sofisticación innata al tema con gran acierto.




Lush Life es un reto para un cantante pero puede terminar convirtiéndose en un escollo si el enfoque es erróneo —más adelante analizaremos por qué—.


La pieza también ha sido interpretada por estrellas del soul, como Donna Summer, y del pop, como Queen Latifah o Lady Gaga, y, aunque esta última ha recibido algún cierto apoyo de la crítica (como estas palabras de Marc Myers), lo cierto es que sus aproximaciones al tema de Strayhorn han fallado por una razón de difícil arreglo y que en realidad responde a una causa previa a lo musical. En este brillante artículo de Philip Clark para The Guardian [inglés] se analizan algunos de los puntos sobre por qué las estrellas de pop que están publicando actualmente discos de estándares con la intención de mostrarse como intérpretes de jazz no son capaces ni de lograr comprender lo que es cantar con swing porque es algo que no puede alcanzarse "en semanas, del mismo modo que no puede aprenderse chino de repente".
En el caso que nos ocupa, parece que Lady Gaga al menos ha prestado atención al mensaje y comprende los contrastes en la letra de Lush Life, pero el problema básico sigue estando presente (omnipresente en las versiones de Summer, Latifah y tantos otros): su naturaleza de estrella. La incapacidad de anteponer la canción a la diva. El ego es el dragón que no parece posible matar. Y la necesidad de demostrar que se domina una técnica no se olvida durante la interpretación. Evidentemente, tener tras de ti una big band no te convierte en jazzman. Contar Lush Life es incompatible con presumir de vibrato o mantener un agudo fatuo que no aporta realidad al relato vital que se intenta transmitir. Ése es el problema; realmente no tiene un origen musical, sino conceptual, pero afecta a sus actuaciones desde su concepción hasta su errada interpretación.


Otro error común ha sido intentar transformar el tema sin prestar atención a lo que se tiene negro sobre blanco en la partitura de Strayhorn, de nuevo obviando o puede que, sencillamente, no entendiendo bien la atmósfera que el autor creó con esas armonías y esa letra como un todo. Es normal, por tanto, que la versión de Nat King Cole no gustara a Billy Strayhorn. Diferente y loable es el ejemplo de Frank Sinatra, que hizo un intento con Lush Life y decidió que no retomaría el estándar en lo que ahora es visto casi como un exótico modelo de coherencia.
Esta certeza que vio Sinatra también es clara para Andy Bey, siempre constante y respetuoso con Lush Life. Gran ejemplo de que Bey conoce bien el tema son sus palabras sobre la interpretación del mismo, pues declara a NPR que "no todo el mundo puede cantarla. (...) Tienes que comprender de verdad la historia e intentar mantener la atmósfera; mantener el enfoque". Kurt Elling también comprendió y mostró respeto por un tema importante en su carrera.


Esto no significa que se necesite un vocalista de naturaleza dramática para interpretar Lush Life, al fin y al cabo el requisito básico está implícito en el propio músico y el tipo de vida que ello conlleva, tal y como se describe en la canción. Un ejemplo de ello lo lleva a cabo John Pizzarelli, un músico no precisamente conocido por su interés en el drama sino más bien por sus lúdicas actuaciones, que creó un tema fusionando Drunk on the Moon y Lush Life con total intencionalidad.






A Tony Scott la obsesión por el tema de Strayhorn lo llevó a publicar un disco titulado Lush Life compuesto por diferentes versiones del mismo tema tanto musicales como recitadas, intentando quizá comprender y homenajear a un tiempo un tema que en realidad debería resultar más cercano que su lucha entre el blues, el jazz y una fusión de matices no demasiado “from jazz and cocktails”.


Pese a que la versión de Hartman es para muchos la definitiva, lo cierto es que sin el respaldo de Coltrane sus diversas revisiones del tema no fueron demasiado memorables. Mucho más sugerentes son las interpretaciones de Carmen McRae, Sara Vaughan, Kevin Mahogany (arropado por Elvin Jones), Ella Fitzgerald junto con Oscar Peterson o Joe Pass (y Ángela Cervantes celebrando precisamente esa versión), Len Bryant, Chris Connor, Jeffery Smith, Lita Roza, Billy Eckstine, Julie London o Sammy Davis Jr.







Ya remarcamos en su momento que en Billy Strayhorn encontramos una existencia capaz de llevarnos a esos escenarios personales en los que es posible encontrar lo bello, enfrentar lo triste y transcender lo humano.  Y en Lush Life ese legado sigue latiendo exuberante, decadente, sofisticado, introspectivo, sugerente y profundamente humano.




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